- POR BERNT ENTSCHEV
- Presidente y fundador de The Bernt
¿Cuántas veces usted ya se encontró comparándose con colegas de trabajo o de profesión al respecto de cuánto cada uno recibe de salario? No se preocupe, su actitud no tiene nada de pecaminoso, como seres humanos es natural que tengamos, de vez en cuando, esos períodos en que da una cierta duda.
Pero, más de que hacer la comparación, es preciso hacer un autoanálisis del motivo en que usted se está haciendo esa pregunta. Una de las posibilidades es la necesidad de comparar a cuántas anda su pase en el mercado de trabajo.
Tome cuidado con esas comparaciones frías, desnudas y crudas. Recuérdese que en el mercado existe una regla infalible: el valor que su trabajo efectivamente vale. El precio que a usted le gustaría que le pagasen y, claro, la disposición que las empresas tienen en pagarle. El promedio de esos tres factores es su salario.
En un mercado ácido, como el que estamos viviendo hoy, las empresas es que están con la pelota, pues con el universo de millones de desempleados, los salarios, infelizmente acaban siendo congelados o practicados en la línea extrema, en el menor índice permitido por ley.
Malo para quien está desempleado, poco productivo para quien está empleado, pues el margen de negociación queda demasiado estrecho. Pero, calma, incluso así hay posibilidades de mejorar sus rendimientos.
Si ese fuera realmente su objetivo, la primera pregunta a hacerse es sencillo: ¿yo entrego todo aquello que mi función exige? ¿Cuánto entrego a más, un 10%, un 20% más? Haciendo el papel del empleador, ¿cuál es el retorno que la empresa está teniendo con su función y con la ejecución del trabajo hecho por usted?
Sea franco consigo: ¿cuál es el impacto o consecuencias para la empresa, para el equipo, para el cliente final, en una eventual desvinculación de su persona en esta empresa? Haciendo ese análisis, usted consigue llegar a una otra conclusión: el valor agregado que usted trae para esa corporación. Si eso fuera robusto, ciertamente su saldo debe tener un diferencial, sea por un aumento salarial que permita ser diferente de la media del mercado, un bonus por período o una participación en los resultados.
Por otro lado, las empresas también necesitan estar alertas. Incluso con el mercado harto, determinados profesionales tienen diferencias y talentos difíciles de substituir o incluso de formar. Esa persona no puede ser colocada en una cuenta común. Reconocimiento, programas de movimiento vertical o horizontal, pueden y deben ser aplicados. Lo que no se puede es apenas cruzar los brazos y decir: “El mercado allá fuera está difícil, entonces es mejor cuidar de lo que se tiene”. Infelizmente muchas corporaciones actúan de esta forma.
Sin embargo, ese mismo mercado que hoy agoniza, mañana vivirá una gran primavera. Y en este ciclo, la empresa que deje de cautivar su público interno, tiende a ver la revolada para otros campos.

