- Por Óscar Tuma
- ABOGADO
Puede catalogarse de una lección magistral el resultado de las elecciones municipales del domingo pasado en Ciudad del Este, donde obtuvo una victoria contundente Miguel Prieto, un candidato joven e independiente que sorprendió a propios y extraños. La ciudadanía esteña dio una terrible lección, en especial a los partidos políticos tradicionales, y por qué no decirlo, a toda la clase política en general, constituyéndose en un mensaje directo para estos, que si no acusan recibo de lo acontecido y corrigen los errores el destino será el “caos” en las próximas elecciones del 2020 y del 2023.
Los partidos políticos deben advertir que los procesos electorales han sufrido un giro de 180 grados; ya nada es igual a tiempos pasados, hoy por hoy los ciudadanos están cansados y hastiados de la corrupción, de la impunidad, así como de los candidatos con olor a estos males, quienes a pesar del apoyo con que puedan contar no van a lograr la aceptación de la ciudadanía, por el contrario, ganarán la antipatía, porque estos no garantizan los cambios anhelados.
Hoy en día, es un error creer que el apoyo y presencia de las autoridades nacionales, así como el uso de las estructuras partidarias en las campañas electorales bastan para “persuadir” a los electores, y prueba de ello es el resultado de las elecciones del domingo pasado, para las cuales el presidente, Mario Abdo Benítez, el vicepresidente, Hugo Velázquez, así como varios ministros del Poder Ejecutivo e importantes figuras del oficialismo apuntalaron al candidato Wilberto Cabañas –del Partido Colorado, proveniente de las carpas del movimiento Añetete–, y resultó perdidoso.
La lamentable derrota sufrida en Ciudad del Este, desde su fundación en 1957, por el partido político más poderoso y glorioso de la República del Paraguay, fue asumida por el presidente de la República, quien expresó: “Yo no quiero buscar culpables, si hay un culpable soy yo, yo soy líder del movimiento Colorado Añetete, fue mi candidato”, lo cual no es verdad, y obliga a meditar, porque la derrota no solo pasó por la elección del candidato oficialista Wilberto Cabañas, sino por muchos otros factores, uno de ellos y tal vez el más importante, la falta de unidad partidaria y la vanidad de muchos dirigentes allegados al Presidente, quienes deben echar de ver que el tiempo pasa, y que más temprano que tarde su accionar le será reclamada.
En cuanto a la participación del PLRA qué se puede decir, la misma fue solo anecdótica y catastrófica al mismo tiempo, teniendo en cuenta los resultados de las últimas elecciones nacionales del pasado abril del 2018, donde obtuvieron un gran resultado, sin embargo, hoy por hoy el electorado castigó duramente la arrogancia de Efraín Alegre, que antepone sus intereses presidenciables a los intereses del partido que él conduce. Pero esto no es nada, debe preocupar a los liberales mucho más que a los colorados la falta de alternancia interna y, sobre todo, el manto de corrupción que pesa sobre varios de sus referentes más importantes, quienes llevan la batuta de tan importante partido político.
Entonces, si nos preguntamos ¿cuál es la lección magistral de la ciudadanía?, solo por mencionar algunas de ellas, podemos afirmar que: La memoria de nuestros connacionales ya no es tan corta y ya no solo se elige al caballo del comisario. La soberbia no es buena consejera. Las estructuras partidarias ya no bastan. Los ciudadanos ya no votan colores ni promesas, porque la credibilidad de las autoridades se encuentra minada. Al designar candidatos, se debe tener en cuenta su capacidad y no el amiguismo, en fin, estas son algunas de las lecciones entre otras varias.
El 2020 es un año electivo, donde elegiremos a intendentes y concejales, y si los partidos tradicionales vuelven a cometer los mismos errores que cometieron para las elecciones en Ciudad del Este, recurriendo a candidatos “escombros” o “corruptos”, el resultado será el mismo. Estimo que llegó la hora que los partidos tradicionales antepongan ante todo el interés de nuestra patria y ofrezcan candidatos potables, gente de bien y capaz a la cual podemos elegir y no solamente votar.