- Por Emma Paoli
- Docente
El 15 de mayo se celebran simultáneamente dos fechas significativas impregnadas de profunda y honda emotividad, el Día de la Independencia Nacional y el Día de la Madre.
En primer lugar, aunque todos los días sean para homenajear a la patria, esta grata conmemoración de los 208 años de vida independiente toda la ciudadanía paraguaya celebra este histórico acontecimiento de la patria libre, independiente y soberana; es una fecha muy especial de reencuentro fraternal entre todos los paraguayos, en que nos redescubrimos en nuestros valores originales de nuestra identidad cultural y, sobre todo, valoramos con admiración y gratitud a nuestros ilustres héroes, que tuvieron el coraje y la firme y decidida determinación de liberarnos del yugo español y las pretensiones anexionistas de Buenos Aires y Portugal.
Este valiente triunfo de la independencia fue felizmente incruento, pero nuestros héroes tuvieron que superar con inteligencia, rapidez, astucia y coraje, los múltiples y difíciles obstáculos internos (los grupos españolistas, porteñistas y filoportugueses) y externos de nuestros países vecinos.
Desde luego que esta lúcida conciencia de un Paraguay independiente ya fue gestada mucho antes en los siglos XVII y XVIII, con la Revolución de los Comuneros, el primer grito libertario de América. Asimismo, la declaración más explícita de nuestra independencia fue proclamada como la Primera República de América del Sur en el Segundo Congreso Nacional de 1813.
La alegría colectiva de esta conmemoración, nos obliga a asumir nuestro patriótico compromiso de seguir defendiendo sin titubeos ni debilidad, sino más bien con firmeza, nuestra democracia republicana, y nuestra soberanía territorial, política, económica, social y cultural, en este arrollador proceso de globalización, tal como lo hicieron nuestros héroes de todos los tiempos.
Por otra parte, también hoy rendimos un especial homenaje a todas las madres, reiterando nuestra eterna gratitud, porque es la madre la que nos regala la vida y nos inserta en la historia humana. El escritor francés Malraux afirma que: “Dios tiene una secreta complicidad con la mujer, con quien comparte la continuidad de la vida humana, en este maravilloso mundo”.
En realidad, la madre es única e insustituible, con su permanente cuidado, cariño y su ternura en la niñez, con su sacrificio heroico para desarrollarnos en la juventud y en la madurez; y es el refugio incomparable a donde recurrimos en momentos de adversidades, dificultades y sufrimientos. Su amor es absolutamente fiel, y está siempre con los brazos abiertos para ayudarnos en todos los momentos difíciles de nuestra vida, a pesar de todos los pesares y aún en contra de todos los obstáculos que surjan en el camino de la vida.
Además, ella nos transmite los valores fundamentales para definir nuestro proyecto de vida y nuestros sueños e ideales, que sostienen nuestra existencia. Felicitamos efusivamente a todas las madres en esta grata y feliz fecha, que nos llena de mucha alegría y admiración por la generosidad sin límites ni fronteras de la maternidad.