Por Carlos Mariano Nin
Muchos se quejaron de los animales usados en los circos para divertir a la gente. La humanidad comprendió la necesidad de respetar a la naturaleza y sus habitantes. El mundo reaccionó, se hicieron leyes, normas y ordenanzas y poco a poco los animales fueron desapareciendo de la arena.
Entonces hubo un cambio de mentalidad y lo que antes era considerado una diversión pasó a ser un delito de mal gusto y los circos evolucionaron. Las caravanas sin jaulas se fueron achicando y floreció una nueva era.
Aprendimos que no todo lo que nos hace reír es divertido.
Paraguayo Cubas se levantó de su cómodo sillón. Atravesó en silencio de lado a lado la Cámara Alta ante la mirada de todos. La mayoría imaginaba lo que iba a suceder, pero un silencio sepulcral paralizó al país en ese trayecto que parecía eterno.
Las cámaras de televisión se lo mostraban a todo el país.
Se paró frente al senador Juan Carlos Galaverna, agarró la botella de agua que pertenecía al legislador y tomo un trago, mientras la gente desde la TV contenía la respiración. Entonces sucedió lo que todos esperaban.
Hubo gritos, risas y festejos. Fue un acto circense pero no fue simpático.
Otro legislador, tomado por las cámaras de televisión en plena sesión del Senado cuando se discutía la terna para ministro de la Corte, hacía un nuevo acto interactuando a los besos con su teléfono celular.
El show era transmitido en vivo a todo el país. La carpa siempre tiene algo para divertirnos.
La sesión de Diputados debe iniciarse a las 8:30 los días miércoles, pero su presidente Miguel Cuevas no cumple el reglamento. Una de esas veces la diputada Kattya González no tuvo mejor idea que montar su propio acto circense.
La legisladora improvisó un pequeño escenario, tomó una guitarra y ante la mirada de curiosos y medios de comunicación comenzó a cantar. Fue su forma de protestar para que se respete el reglamento y las sesiones se inicien en hora.
Este circo nos hace reír, es verdad, pero la entrada nos cuesta demasiado cara y en ocasiones el show nos hace llorar de impotencia.
Como si fuera poco, algunos actos rayan lo irrazonable. Un legislador, por ejemplo, presentó un proyecto de ley que obliga a las instituciones públicas a reemplazar café por cocido, y un nutricionista propuso que sea servido con mbeyú a los escolares.
Claro, lo hizo mientras desayunaba bocaditos con té en plena sesión de la Cámara.
Todo esto mientras se debate medio en las sombras una reforma tributaria que prevé la suba de impuestos que terminará por minar la economía de los menos favorecidos.
Al mismo tiempo se habla de un proyecto de ley de gobierno corporativo para las empresas públicas del Paraguay que dotará a cada empresa beneficiada de 7 consejeros cuyos sueldos rondarán los 30 millones de guaraníes cada uno.
Esto significa que la erogación para el Estado, solo en el pago del sueldo a los consejeros, sumaría 1.890 millones de guaraníes mensuales que en un año superaría la friolera de 22 mil millones de guaraníes, sí 22 mil.
Actualmente el salario público consume 73 de cada 100 guaraníes recaudados.
Es como robarle la sonrisa a los payasos para agrandar un circo que a estas alturas no divierte a nadie.
Así como los circos tradicionales dejaron de usar animales, debemos iniciar una nueva era de políticos íntegros donde la honestidad nos devuelva lo mucho que gastamos en ellos.
Es hora de cambiar este circo. De comenzar una nueva era. Al fin y al cabo es una entrada que te obligan a comprar y que no justifica el show. Ya no es simpático ni nos regala alegrías. Solo nos deja en cada espectáculo un sinsabor y mucha impotencia, pero esa… es otra historia.

