• Por Dany Fleitas
  • Periodista

Las elecciones de nuevas autoridades municipales para el periodo 2020-2025, de los más de 250 distritos de toda la República, están previstas para el 8 de noviembre del año próximo, mientras que las internas simultáneas de los partidos y movimientos políticos, alianzas y concertaciones electorales, están previstas para el 12 de julio del 2020. Esto quiere decir que, de aquí a 12 meses, los aspirantes a intendentes estarán en plena campaña y disputa electoral, convirtiendo al próximo en un año eminentemente electoral.

Esos plazos parecen lejanos, pero están a la vuelta de la esquina. Lo ocurrido en las elecciones para nuevo intendente de Ciudad del Este, capital del Alto Paraná, donde viven más de 300.000 habitantes, el pasado domingo 5 de mayo deja lecciones importantes no solo para los colorados y liberales –integrantes de los dos partidos tradicionales más populares del país– sino también para los movimientos independientes y organizaciones civiles interesados en lograr en el 2020 el lugar de privilegio de la silla municipal, así como la mayor cantidad de concejalías en cada distrito.

La victoria en el Este del joven independiente de 30 años, Miguel Prieto, sobre sus oponentes del Partido Colorado y del Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA), Wilberto Cabañas y Teodoro Mercado, respectivamente, por una gran diferencia de votos, no puede ni debería ser tomada a la ligera por los estrategas de esas organizaciones de cara a las justas del año entrante. Es también un toque de alerta para el Frente Guasu, ya que solo una parte de su sector apoyó a Prieto en esta ocasión, mientras que la otra se inclinó a favor del liberal Mercado.

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En carpas coloradas, más específicamente en el oficialismo por ser la corriente en función de poder, el triunfo de Prieto requiere de una “lectura comprensiva” adecuada. Más que nunca, la humildad y no la soberbia es la mejor aliada en estos casos. Mientras referentes de peso de Añetete intentaban justificar en los primeros días de la semana la derrota, bajo el argumento de que el “mejor candidato” del Este estaba preso y que por eso no se pudo hacer nada, en alusión al diputado Ulises Quintana, el propio presidente de la República debió salir a dar la cara por todos. En una actitud de autocrítica y de caballeros asumió toda la culpa de lo ocurrido, dando a entender a su tropa que se hicieron mal las cosas y que el adversario demostró ser el mejor en la cancha. Es lo que correspondía para frenar argumentaciones absurdas de varios referentes.

Añetete se equivocó en sus acciones en Alto Paraná. Leyó de manera incorrecta lo que estaba ocurriendo con Ulises Quintana y subestimó las consecuencias de intervenir en la administración municipal de Sandra McLeod. De paso, de un plumazo, pretendió borrar del mapa político colorado a los Zacarías Irún, pero los votos de sus seguidores fueron a parar a otro lado, probablemente a las alforjas de Prieto, con los que ganó. El ambiente interno colorado en el Este estaba demasiado enturbiado como para esperar que la ciudadanía apueste a una estructura que era más de lo mismo. El candidato de Añetete fue arrastrado por todo eso, producto de una “mal lectura”.

Es decir, los líderes de los partidos políticos confirmaron el 5 de mayo último que sin unidad disminuyen las probabilidades de triunfo; que la soberbia no es buena compañera; que no hace falta mucho dinero para ganar; que es preferible siempre una candidatura joven con el prontuario limpio y el perfil de ser capaz, honesto y sin pasado oscuro, que otra arraigada al tradicionalismo y apegada al viejazo que acostumbra poner títeres para seguir con el festival de la corrupción.

Más que nada, la llegada de Miguel Prieto a la Municipalidad de Ciudad del Este no solo marca el desplazamiento de la ANR luego de 60 años en el poder en la comuna, sino que da impulso y nuevos bríos a los denominados “independientes”. Esto adquiere especial relevancia, con más razón cuando se ve inminente en el horizonte del desbloqueo de las listas sábana.

Creo que lo ocurrió en el Este replantea todo lo que vienen haciendo los partidos tradicionales, porque quiere decir que a pesar de tener millones de afiliados en sus padrones no quiere decir que esos potenciales electores vuelquen sus votos a los candidatos inscriptos con sus colores. Más que nunca va a contramano la pretensión de Añetete, referente a exigencia de los 10 y 5 años de antigüedad para postulaciones a cargos electivos. De persistir los jóvenes sencillamente buscarán su propio camino, así como lo hizo Miguel Prieto.

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