- Por Augusto dos Santos
- Analista.
La derrota en el Este tomó al gobierno no solo con la guardia baja, sino sin guardia alguna. Ella arroja un par de lecciones que la presidencia de Abdo deberá saborear con el sabor amargo de aquellos viejos jarabes de hígado de bacalao: a la campaña colorada le faltó astucia y humildad.
El primer elemento, la astucia, fue clave para su victoria en las internas de la ANR en diciembre del 2017, pero, al parecer, el oficialismo decidió barrer con los astutos y quedarse sostenido por un nuevo entorno con experiencia política farandulera y provinciana.
El segundo elemento es aquel que más sirve cuando se ejerce el poder. El colorado es una cultura política singular, ama a sus liderazgos sumidos en dos condiciones que son casi contrapuestas, los quiere poderosos, pero humildes. Los quiere bajando de un avión, pero discurseando como Juan Pueblo.
Correrá mucha tinta sobre lo que ocurrió en CDE. El propio oficialismo se ocupó de “despejar” a sus correligionarios disidentes de cualquier tipo de proximidad en la campaña. Por lo tanto, ese es el tercer punto que se suma como mala noticia: el oficialismo no tiene a quién culpar. Nunca contaron con ellos.
Las elecciones de CDE, al ser por un período tan breve de mandato, no cambiará nada el futuro de la comunidad probablemente, pero es un termómetro poderoso que unos y otros no deben desaprovechar para ver cómo andan de temperatura popular.