• Por Carlos Mariano Nin
  • Columnista

María (nombre ficticio de una historia real) tiene 8 años y unas ganas enormes de vivir. Una falla en sus riñones la condenó a vivir esperando un milagro. Un solo milagro que le salve la vida.

José (que en verdad no se llama así) tiene 10 años, una bella sonrisa y las mismas ganas de vivir. Pero su corazón tiene una falla que poco a poco va agotando sus fuerzas en ese camino de la vida a la cual se aferra con fe.

Pedro es un poco mayor, tiene 43 años y una familia que no pierde las esperanzas. Como María espera un riñón que le dé la posibilidad de dejar de depender de una máquina que lo mantenga vivo.

María, José y Pedro viven una de esas historias cotidianas que encierran el drama de cientos de familias, pero que para muchos de nosotros pasan desapercibidas en el día a día. Los hospitales públicos conocen de esas historias, las viven a diario. Creo que incluso lastiman a los trabajadores vestidos de blanco que las tratan de sobrellevar como pueden.

En otro lugar, no muy lejos, familiares lloran la muerte de Mathías (otro nombre ficticio de esta historia real), un joven de 22 años que sufrió un terrible accidente de tránsito. Enfrentar la muerte de quienes amamos es quizás el proceso más doloroso que pasamos durante la vida. Pero es parte del cauce natural (aunque a veces no sea tan justo como nosotros quisiéramos).

Paraguay tiene una de las estadísticas más bajas de la región cuando de donaciones se trata. Pero los expertos aseguran que se está avanzando en el camino correcto. A veces cuesta luchar contra los prejuicios, la cultura y la religión. Pero al final todo se trata de amor. Nunca va a ser fácil, pero es la forma más bella de ver la vida con su pesada carga de encuentros, desencuentros y reencuentros.

Un donante de órganos puede salvar en nuestro país hasta seis vidas y uno de tejidos muchas más.

En esos momentos en que la angustia te va robando la respiración la vida te devuelve la esperanza.

La familia de Mathías decidió donar sus órganos. La noticia salió en los medios de comunicación. El 1 de mayo, María recibió un riñón, lo que le permitirá dejar el tratamiento de hemodiálisis a causa de sus problemas renales. Pedro, que estaba en la fase terminal de su enfermedad, recibió otro riñón en el IPS y el pequeño José un nuevo corazón.

Actualmente solo para un trasplante renal hay aproximadamente 12 niños en la lista de espera.

Hoy muchas personas esperan por un milagro. Una esperanza que les permita abrazar a los suyos o mejorar su calidad de vida.

Pero esta historia tuvo un final feliz. Cuatro vidas que se cruzaron en el umbral de lo impredecible tras una decisión que cambió historias casi imposibles y devolvió con creces el sufrimiento de familias sumidas en la desesperación.

Y solo bastó una decisión. Una decisión que amaneció a un milagro.

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