- Por Augusto Dos Santos
- analista
Si se lee la descripción de algunos medios de lo sucedido el viernes con el más alto funcionario del gobierno en materia de intercepción aduanera, se llegaría a una espectacular conclusión: por cada hecho de corrupción en el gobierno hay que aplaudir… al gobierno.
Esto sucede cuando se mezcla propaganda con periodismo, lo cual es muy propio de nuestro periodismo nacional a partir de cómo están echadas las cartas y nadie se salva.
En realidad, cuando un alto funcionario o aliado del gobierno (como Ulises Quintana) cae bajo las redes de la Fiscalía, no es un mérito del gobierno, sino un hecho de corrupción en el mismo gobierno, al menos eso sería así en Estados Unidos o en Suecia.
La razón es muy simple: la responsabilidad política está centrada en la confianza que ha depositado el liderazgo de gobierno en determinado funcionario para que ejerza determinada función si ella fracasó a consecuencia de la corrupción.
Si vamos a endiosar a un gobierno porque un funcionario suyo es corrupto y fue descubierto estaríamos en una comedia de enredos porque terminaríamos concluyendo que cada funcionario corrupto que elige el Presidente es una posibilidad para que el Presidente se luzca.
En cualquier sitio del mundo, los gobiernos tienen una responsabilidad política ineludible cuando un alto funcionario designado por el mismo Presidente con rango ministerial cae a consecuencia de un hecho de corrupción. No leerlo así es instalar el concepto de la “paternidad irresponsable” de las designaciones presidenciales.
Para ello es muy importante que se desmonte la componenda propagandística al plantear que, por cada vez que la Fiscalía atrapa a un ministro con las manos en la masa, hay que ponerse de pie a aplaudir al gobierno. En verdad, y objetivamente, tiene sobre sí el peso y la responsabilidad de escoger a ministros y altos funcionarios con probidad.
La administración estatal, aunque cuente con protección mediática, no puede sacar la nalga a una jeringa de esta proporción, “debe hacerse cargo” y asumir la calidad de sus designaciones como parte de su responsabilidad.
Nadie duda de que hasta el momento la actuación de la Senad ha sido de lo más relevante de la presente administración, pero el hecho de que atrape a funcionarios del gobierno no es una buena noticia, como se presenta, sino al revés, es una mala noticia para el Gobierno aun cuando fuera una buena noticia para la Senad.
Con este criterio el día de mañana los cerristas vamos a festejar los goles que nos hacen solo porque ello ayuda a revelar las fallas de nuestra defensa. En realidad lo ideal hubiera sido escoger otros defensores.

