Los ojos vislumbran aquello que anhelan. Están dispuestos a ver ese horizonte propuesto alguna vez. Colaboran con el pensar que fomenta la concreción de proyectos motivados en el andar. Son muchas las puertas que al ser abiertas les han mostrado causas valiosas que pudieron realizar. Ahora están puestos en las oportunidades que han decidido llevar adelante.

En los ojos siempre hay señales de esperanza. Al imaginar lo que viene, esos mismos ojos parpadean conscientemente y, al hacerlo, deciden un momento estar cerrados y transportarse hacia las imágenes que frecuentemente recuerdan un lugar hermoso. En ese estado ideado, normalmente descansan y en ocasiones toman decisiones, esas que llevan a las personas a cambiar una forma de creer sobre un tema, esas que producen desplazamientos en busca de lo que quieren hacer o esas que impulsan a continuar en la senda del progreso.

Al abrir los ojos, las llaves apropiadas se encuentran cuando se requieren, ellas abren cerraduras y, al hacerlo, abren ambientes que nutren la visión de las ideas recreadas, de los pensamientos sostenidos en el conocimiento, de las acciones recientemente alcanzadas. Al fijar la vista en darle otra vuelta a esa misma cerradura, puede que se abra de una vez lo que tanto tiempo se esperó. Quizás este sea el instante apropiado para levantar los ojos y ver lo que con perseverancia se buscó.

En el universo de los ojos, la armonía ayuda a visualizar con amplitud el presente. De esa forma, las llaves pueden dirigirse hacia el corazón y abrir emociones, tocar sentimientos y transformar vínculos.

El paso de las llaves hacia otras manos necesita la atención visual correspondiente, facilitando la efectividad de la acción y generando la debida dedicación; ocasionando el recíproco proceder y, por sobre todo, transmitiendo con el gesto la relevancia de compartirlas. En esa dación se materializa la confianza y se involucran las ganas de evolucionar. Siempre hay alguien a quien esas llaves le abrirán otros sueños por vivir.

Los ojos, puestos en las llaves que habilitan las vías del intelecto, brillan hacia adentro e iluminan el organismo que los contiene, haciendo resplandecer las condiciones naturales que distinguen la esencia de cada cual. Allí, las llaves tienen infinidades de manifestaciones y se multiplican ante las enseñanzas que alimentan el deseo de seguir creciendo.

Esos ojos son todos los ojos. Esas llaves son todas las llaves, las que alguna vez abrieron un campo visual que mostraba la gama de colores que reina en la vida, las que alguna vez también se atrevieron a cerrar un espacio para abrirlo después o para dejarlo así, o para anexarle otra puerta más grande para que puedan ingresar más lecciones que respirar.