• Por Felipe Goroso S. – Analista
  • Twitter: @FelipeGoroso

En los días que corren, es absolutamente impensado asumir que habrá instituciones que no sentirán el embate de las olas de información negativa que rodea a todo lo que implica Estado, burocracia y casi todos los estamentos ligados al poder. Y, siempre y cuando, no vean venir esta cuestión que está pasando en el mundo –y aunque les cueste creer, también en Paraguay– y no cuenten con el suficiente fortalecimiento institucional y una estrategia política y comunicacional, que acompañe dicho fortalecimiento, tendrán que lidiar bastante para subsistir en el tiempo. Ese es el futuro que les queda.

Parte de lo que les menciono está intrínsecamente ligado a la necesidad de que los líderes (sean estos del sector público o del privado) y sus empresas e instituciones cuenten que existen, el servicio que prestan a los ciudadanos y generen valor agregado a todo lo que se comunique.

Estos párrafos son a propósito del debate que se está dando al respecto del Parlamento del Mercosur y quienes lo integran. La verdad es que el Parlasur, como institución, nunca les contó a los paraguayos cuál es el aporte que realiza a este proceso de integración regional sudamericano que ya de por sí cuenta con más dudas que certezas. El Parlasur nunca terminó de entender que estamos en el tiempo de que una buena gestión implica comunicar. Que ya no se admite lo primero sin lo segundo. O se hacen ambas o es la nada misma.

23 mil millones de guaraníes. 4 millones de dólares. En la torta total de nuestro pantagruélico Estado tal vez sea una gota en el mar, pero se entiende que la idea del Ejecutivo es dar una señal. Una señal que vienen reclamando con cada vez más fuerza desde distintos sectores de la sociedad, este reclamo viene de la mano con el tratamiento del paquete de reforma tributaria que el Gobierno anunció va a presentar al Congreso en un par de semanas.

Si nunca le contás a la gente de tu existencia y sobre todo los beneficios que trae la misma a la sociedad, es normal que si llegas a desaparecer nadie vaya a extrañarte. Y si encima le estás costando plata que bien podría invertirse en salud, educación y seguridad, no te quejes si más de uno aplauda en tu velatorio en vez de sentir tu partida.

El Parlasur aún no murió. Agoniza sin dar señales de reanimación ni con el mejor desfibrilador y en el fondo, eso es lo que más debería de ocuparles a sus integrantes. Finalmente, si no se construyen instituciones sólidas con estrategias de comunicación llevadas profesional y creativamente, estrategias que pasen por conversar, inspirar y conectar, es bastante oscuro el panorama que le espera a las mismas. Señores parlasurianos, de eso se trata la política, esa mala palabra que empieza con p y termina con a. Va siendo hora de que alguien les cuente, ya que ustedes no son buenos contando su propia historia.