• Por Dany Fleitas

Tenemos dinosaurios por todas partes, pero por suerte ya no más por mucho tiempo. La juventud que se mueve, la que está llevando todo por delante, es un presagio de que se vienen cambios importantes en el país. Las movilizaciones estudiantiles contra Eduardo Petta son apenas señales. Esos cambios tendrán que ver con la política, el poder, la economía, los avances en tecnología, la educación, la capacitación y, lo más importante: pondrán un freno impasable a la prebenda estatal y la corrupción desesperante en la administración de la cosa pública. Estas han de ser, sin mucho riesgo a equivocarme, los dos problemas más graves que llevaron al hartazgo a la ciudadanía y a la juventud.

A la prebenda y a la corrupción, le agregaría también el abuso de poder, aquel que hace posible que un funcionario de alto rango aproveche su lapicera para someter al pueblo a escandalosas sobrefacturaciones de los servicios públicos. Las denuncias de sobrecostos por el uso de energía eléctrica y de agua potable son una barbaridad.

Menos mal que la prestación de servicios de internet está a cargo de empresas privadas que regulan sus precios de acuerdo a la libre competencia, porque si la banda ancha dependía exclusivamente del Estado, quien sabe cuántas barbaridades hubieran sucedido también. Conste que, en este punto, la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (Conatel) podría haber hecho alguna gestión para abaratar las tarifas de telefonía y de internet para la gente, porque siguen siendo costosos. Desde que asumió el nuevo gobierno esta entidad reguladora de servicios de telecomunicaciones casi nada hizo todavía.

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Los dinosaurios no se rinden, no quieren tirar la toalla, no quieren arrugar, se resisten a bajar la guardia, pero existe una ola fuerte de savia nueva que está empujando desde los cimientos y que quiere construir un nuevo país. Estos dinosaurios copan la administración pública y están empotrados en los partidos políticos, de donde parten las listas confeccionadas a dedo para que solo algunos manipulen a su antojo la cosa pública.

Yo creí que Mario Abdo Benítez, de 50 años ya pero de aspecto joven y que parecía tenía ideas renovadoras, iba a continuar acompañando los nuevos ideales de cambios que en sus recorridos de campaña electoral los mismos jóvenes le marcaban. Pero no, hizo lo contrario, al avalar la decisión de 600 convencionales de modificar los estatutos de la ANR para evitar que afiliados con 1 año de antigüedad se postulen por la Lista 1 a cargos electivos, llevando a 5 y 10 años la exigencia de militancia previa para poder inscribirse como candidato.

Abdo es apenas una muestra de que los dinosaurios están en todas partes, y vale decir la verdad, no es exclusividad del Partido Colorado, ya que estos fantasmas que ponen freno a la modernización están en los demás partidos y en todas las instituciones cuidando sus zoquetes. ¿Quién puede decir que Efraín Alegre es una persona agradable y presentable que querríamos ver todos los días? ¡Por Dios! ¿Quién es tan osado en decir que no nos cansaríamos de ver y escuchar cada momento a Desirée Masi? ¡Por Dios! ¿Acaso no cansa ver siempre a las mismas figuras en el Congreso Nacional, en el Poder Judicial y en los ministerios dependientes del Poder Ejecutivo? ¡Por Dios que sí!

Los dinosaurios son como una caja de Pandora: al abrir puede aparecer cualquier cosa e inclusive un lindo rostro pero con ideas retrógradas. Nos guste o no las facciones de alguien o su carácter, en realidad lo que importa son sus pensamientos e ideales, sus intenciones y sus hechos. Hay que ser sinceros también y decir que el pensamiento arcaico nada tiene que ver con la edad de la persona ni su aspecto físico. Un anciano bien dotado intelectualmente puede tener más y mejores ideas de cambio positivo que un joven contaminado con ideas de antaño y corruptas debido a su entorno.

La gente está cansada de tanta corrupción, de las contrataciones directas de reyes y reinas de bellezas sin concursos en el Estado, de licitaciones amañadas, de tarifazos desvergonzados como nunca se han dado, de autoaumentos salariales, de una justicia costosa y corrupta, de legisladores con jugosos salarios y extensas vacaciones, de parlasurianos que no hacen nada y que cuestan sumas siderales al Estado, de la inseguridad callejera que no deja trabajar ni estudiar tranquilos, del desabastecimiento de los hospitales, de la falta de docentes en escuelas públicas y de tantas otras irregularidades que no me alcanzarían las líneas para mencionar todas.

A lo que voy es que se está produciendo un choque generacional importante. Esta juventud que se mueve, en que vemos hoy a estudiantes de colegios secundarios involucrarse en su destino, hace renacer las esperanzas de que los dinosaurios van a tener que dar un paso al costado. De lo contrario, serán devorados por la nueva ola. Por suerte, da la impresión que llegó el momento en que se producirá una chispa, como un big bang, que nos marcará el camino para comenzar una nueva era o caeremos en el abismo y oscuridad profundas. La intuición me lleva a pensar que el fenómeno del cambio es una luz que se instaló para quedarse.

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