• Por Felipe Goroso S. – Analista
  • Twitter: @FelipeGoroso

Uno podría iniciar citando los tirones que se vienen dando en el interior del Gabinete y entre integrantes del mismo y algunos pesos pesados de la bancada oficialista del Senado. Pero no, sobre esas disputas ya se ha escrito mucho y es seguro que se seguirá escribiendo. Vayamos más allá de lo que todos los días nos muestran, aquello que los políticos quieren que veamos.

Añetete se formó como una confederación de liderazgos que se aliaron para oponerse a Horacio Cartes, esperemos –por el bien de la institución presidencial– que no haya sido solo para eso, aunque las señales no ayudan para rebatir este hecho, al menos por ahora. Aquellos liderazgos encontraron en la imagen e intención de Mario Abdo Benítez a alguien que haga de punta de lanza, articule esa confederación y le dé cierta organicidad.

A esa articulación y organicidad les sumaron un eje y líneas discursivas oportunas y convenientes, y con eso les alcanzó para ganar las elecciones. Ahora había que gobernar y administrar el poder. Y la que había sido su principal fortaleza (haber articulado esa confederación de liderazgos) se iba a convertir en su debilidad más evidente. Les sirvió para ganar, pero no les está sirviendo para gobernar.

Esa misma confederación de liderazgos es la que ahora está librando una feroz disputa por el poder. Una lucha encarnizada en la que no se debaten modelos de gestión o de país, sino intereses particulares o de grupos con enorme capacidad de lobby, una característica de la política malentendida.

¿En el medio de esta batalla campal? El Gobierno, nadando entre todos estos tiburones y tratando de ponerse objetivos realizables, aquellos que le permitan mostrar cierta capacidad de gestión al inicio de su mandato. Un sector ya está advirtiendo este problema y empieza a manifestar cierta disconformidad (aún lo hacen en voz baja); son funcionarios de carrera que aceptaron colaborar, pero al no sentir un norte definido, ven apeligrar los resultados que se creía empezarían a llegar.

En esta disyuntiva entre los tiburones que pelean por un pedazo más grande para sí mismos y funcionarios de carrera que ven con preocupación esta carnicería, que no nos sorprenda que Abdo Benítez termine gobernando con quienes sí sepan de gestión gubernamental y le ayuden a mostrar resultados. Después de todo, de eso se trata la política, esa mala palabra que empieza con p y termina con a, porque tener un ejército de tiburones sirve para la guerra, pero no para la paz.

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