Como un representante de un sector importante de la sociedad como lo es la religión cristiana –cuyos principios morales han sido adoptados y han custodiado durante siglos el orden moral de la sociedad–, tenemos el derecho a opinar, a ser oídos y llevarse a debates nuestras voces que, lejos de aquello de lo que acusan algunos sectores, son coherentes, tienen respaldo y nada malo plantean.

Como pastor, tengo mensualmente decenas de consejerías con personas de todos los niveles culturales, sociales, económicos y edades, tanto de hombres y mujeres, sea cual sea su orientación sexual.

He tenido la oportunidad de conversar con personas de distintas orientaciones sexuales, jamás discriminé, ni la Iglesia tampoco. Al contrario, tengo motivos comprobables para afirmar que tal vez ninguna organización ni institución ha apoyado y ayudado a personas de distintas orientaciones sexuales como la Iglesia, sea esta de la denominación que sea.

Nuestra lucha no es contra la persona de orientación sexual distinta a la moral bíblica. Nuestra lucha es contra la ideología o el sistema que nos están imponiendo y que sabemos que, más a la corta que a la larga, socavará nuestras libertades además de atacar los pilares de nuestra fe, que son la familia, los valores morales bíblicos y la libertad individual de vivir y expandir nuestra fe de manera pacífica.

La educación sexual integral (ESI) y la ideología de género son algo complejas y van de la mano. La ESI es apenas la punta del iceberg. Lo que preocupa de todo esto es que quiere adoctrinar a nuestros hijos desde la más tierna infancia a través de las escuelas. Ante esto, quiero leer unas palabras de la Dra. Sara Pérez Tomé sobre el informe de la Asociación de Pediatras de los EEUU acerca del peligro de todo esto en los niños, y cito: “La ideología de género (que promueve el ESI, paréntesis mío) no hace daño solo a los niños, sino también a los padres porque mete un virus que no se sabe hasta dónde va a intoxicar a una familia, en una situación que los padres ni están preparados, ni tienen argumentos ni sabrán cómo hablar a los niños de lo que se les enseña en las escuelas, y esto es un abuso ideológico”. También dijo: “Quieren implantar a los niños esta ideología (refiriéndose a la ideología de género, paréntesis mío) cuando están en pleno proceso de niñez y adolescencia, y sabemos que en esa etapa la persona está en un proceso de transformación e identidad, en el que podría haber momentos de ambigüedad, cosa totalmente normal, ya que la misma mujer embarazada tiene que hacerse la ecografía para saber el sexo de su bebé recién cuando los genitales están formados, ya que el mismo feto pasa por una etapa de ambigüedad hasta su desarrollo, que es cuando se determina si la criatura es varón o mujer, según sus genitales y estructura biológica. Esto también se da emocional o psicológicamente en niños adolescentes en esa etapa de su vida, lo cual no significa para nada que será homosexual u otra cosa, sino que, sencillamente, hay que orientarlo hacia su sexo biológico para su normal desarrollo de vida”.

“Cuando a un niño-adolescente se le quiere desviar en esa etapa dándole ‘opciones’ de género, lo que estás haciendo es afectar su esencia misma. Nadie nace con un ‘género’, que realmente no existe, esta palabra es un invento, lo que hay es ‘elección’, alguien elige un estilo de vida, que en muchos casos está caratulado por la psicología como ‘disforia’ o algún tipo de trastorno y no otra cosa, y estos son casos excepcionales. Se nace hombre o mujer, y es importante que la persona tenga su sexualidad acorde a su sexo biológico. De no ser así, afectará su salud física y emocional”.