• Por Felipe Goroso S.
  • Analista.
  • Twitter: @FelipeGoroso

Los países cuyos pueblos han logrado ciertos grados de bienestar son aquellos que –entre cosas– han arribado a grandes acuerdos nacionales de consenso sobre lo que necesitaban en ese momento de la historia. Uno de los temas recurrentes en esos acuerdos es siempre el desarrollo. El desarrollo implica hacer que una cosa o persona pase por una serie de estados sucesivos, de manera que crezca, aumente o progrese. Y ojo al siguiente concepto: sucesivo. Debe ser continuo, parte de un proceso.

Y es ese camino del proceso continuo el que más necesitamos como país, de aquel que nos lleva al desarrollo. Es inadmisible que con cada gobierno suframos el volver a empezar de algunos políticos que creen ser inventores de la rueda, que la vida misma empieza y termina con ellos. Los procesos institucionales son los que deberían de guiar el Paraguay, más allá de las personas que estén al frente. Política de Estado se llama, a otros les funciona, será cuestión de probar.

A esos grandes acuerdos de consenso debemos arroparlos con una bandera, una sola bandera: la roja, blanca y azul. Nuestra bandera. Debería de ser considerada traición a la patria el tirotear sin argumentos a proyectos que implican desarrollo para la mayoría, y no pretendo que cambiemos nuestros puntos de vista, sencillamente que tengamos una visión común por encima de nuestras diferencias, que seguirán ahí; estoy absolutamente seguro.

Podría haberles contado que me estoy refiriendo al anuncio de la instalación de una planta cementera que implica una inversión privada de 180 millones de dólares (la segunda más grande del país), 1.500 oportunidades de trabajo y capacitación, con estándares superiores en lo que al cuidado del ambiente se refiere, activación económica para la zona Norte –sí, la que más necesita– y toda la movilización comercial que trae consigo. Pero preferí hablarles de desarrollo, que engloba esto y mucho más de todo lo que se hará. ¿Y saben por qué? Porque de traer desarrollo para el país se trata la política, esa mala palabra que empieza con p y termina con a.

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