• Por Eduardo “Pipó” Dios
  • Columnista

De un tiempo a esta parte, la política nacional, incluida en ella el periodismo y hasta la opinión pública, bueh, la de las redes, el famoso “microclima” que erróneamente, a veces “sin” y muchas veces “con” intención, tratamos de imponer como “clamor popular” cuando no está ni cerca de serlo; nos encontramos abocados en una discusión sinfín y sin sentido en definir de quién son todas las culpas de lo malo y quién es el autor, de lo poco bueno que admitimos que se haya hecho o se haga.

Sabemos en el fondo que así no se construye nada, nada bueno al menos, sino que simplemente perdemos tiempo y dinero en pelotudeces.

Mientras está discusión, que tiene ya muchos años, aunque se haya institucionalizado, así al menos parece, como único “plan de gobierno” de este titubeante (término generoso) “Gobierno de la Gente”; en el mundo real, el de los que trabajamos en el sector privado, la cosa está de mal en peor.

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Sí, sabemos que hay crisis en todo el mundo, que los precios internacionales, que la recesión mundial, Corea del Norte, Siria, Venezuela y ahora Pakistán y la India… pero acá no se vende un cuerno, no se compra nada, se invierte cada vez menos.

Los gremios de la producción, señores educados, de traje y corbata, son, como casi siempre, sumamente tibios, cautelosos, positivos y con una prudencia de monje tibetano en trance, reclaman, con un “no tomes na a mal, Marito querido, pero no estamos nio taaaan bien, así una cosa que se diga ufff como estamos bien… qué tal pio, si de repente, si no es molestia, tomamos, si se puede, algunas medidas…” y ante tamaña muestra de educación y prudencia, el Gobierno les da una palmadita tierna y les muestra la salida. O sea… con esos reclamos tan light y políticamente correctos, como si el Presidente fuera Stroessner en 1973 y no Marito en el 2019, no vamos a conseguir nada, señores.

Realmente los sindicatos de empleados de comercio son una tristeza, no tienen cifras, no reclaman, no exigen nada. Cierran diariamente comercios de todo tipo, Manufactura de Pilar está pidiendo oxígeno y el mercado está sobreviviendo. Claro, reclamarle eso a funcionarios que viven de sus generosos (al menos los jefes) salarios estatales, donde aunque el Estado sea un desastre no hay dramas para cobrar a fin de mes, con bonificaciones y gratificaciones como si estuvieran haciendo al bueno que bonificar o gratificar. ¿Usted conoce alguna empresa privada donde estando en quiebra o en la lona alguien cobre “bonificaciones” y “gratificaciones” como premio a que nos va como el c…? No, ¿verdad?

No es momento de ver quién tiene la culpa de la recesión, amigo, si fue Lucho, Nicanor, Lugo o Wasmosy, Cartes o Marito. ¿Trump?, ¿Maduro? No calienta… a los que estamos en la calle peleándola día a día nos importa un comino, en serio. Eso sí, el único que puede hacer algo hoy es Marito y, por ende, a Él le reclamamos.

Ya no hay tiempo de esperar que las famosas obras públicas nos saquen de este pantano, hacen falta medidas efectivas que permitan sobrevivir hasta que la reactivación se sienta.

Las clases media y media baja están ahogadas en deudas, les cortaron el financiamiento con leyes ridículas. Nadie, en su sano juicio, da préstamos comerciales a tasa del 1 o 1,5% mensual para consumo o tarjetas. Al final nos enviaron a las fauces de los verdaderos usureros, que hoy se comen los salarios de privados y públicos solo para amortizar, apenas las enormes bolas de nieve con tasas de 6 a 10% mensual en negro. Ya no sobra para el ocio, la salida, el esparcimiento, las vacaciones, ni siquiera ropa nueva o darse un gusto de mes en cuando. Urge, desde el Estado y el BNF una refinanciación de las deudas de los asalariados a mediano plazo y otorgar pequeñas líneas de crédito de consumo para que el mercado se reactive. El BNF tiene dinero ocioso suficiente, todos los empleados públicos y privados deberían poder limpiar sus deudas morosas o a punto de serlo y tener una vida un poco mejor, mientras las reformas de fondo, y las grandes obras tan anunciadas aparezcan y sean una realidad.

Está en manos del Gobierno hacerlo, está en nosotros exigirlo. Dejemos la pavada antes de que nos coman los piojos.

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