- Por Pablo Alfredo Herken Krauer
- Analista de la economía
- Email: pherken@gmail.com
El movimiento de nuestra economía en lo que va del año –y desde mucho antes incluso– ha sido motivo de muchísimas calificaciones desde muchos sectores con intereses diversos y en la voz de varios actores económicos. Desde el consumidor al productor. Del comerciante y distribuidor al fabricante y financista. Del importador al exportador. Y la calle endurecida también habla. Se quejan todos. La realidad es que la realidad está difícil. Está caliente (no quemante) para el mundo privado. Merece cuidado. Está tibia para el Gobierno, casi normal (“accidente”), y no es mucho lo que se puede hacer para enfrentar y vencer la ralentización de nuestra economía. ¡Por favor dejen de usar ese término! No significa otra cosa que andar más lento. Ya hay un divorcio entre cómo el Gobierno ve la marcha económica y cómo lo siente el resto del país. Andar más lento es una cosa. Pero, divorciados, la solución se hace lenta y puede no andar.
Cuando una economía está como apagada, debilucha, tropezándose, incluso a veces cayéndose, o dando pasos hacia atrás, usamos palabras e incluso expresiones que son ¡fantásticas! pero que Juan Pueblo no entiende. Se escucha y escribe: “Nuestra economía se está ralentizando. Sí. Ralentizando. ¡Mi Dios! Significa simplemente “ir más lento”. Algo que nos hace marchar más lentamente. Vamos a otro ejemplo de cómo lo técnico puede describir mucho sin decir nada. En su lenguaje el Banco Central nos dice “hay un ritmo de expansión más moderado en el corto plazo”, al tomar la decisión de bajar su tasa de interés de política monetaria del 5,25% al 5%. Significa simplemente “ir más lento”.
Pero en la calle o en los mercados así se habla de nuestra economía hoy, según fuentes de archivos. ¿Cómo anda hoy nuestra economía? Respuestas: Marcha más y más lenta (y en baja). Está parada (desde las elecciones pasadas). Bajo nivel de actividad económica. En recesión (casi paralizada). Cae el consumo, la demanda, la venta (la gente). Se importa menos (hay stock acumulado de mercaderías). Comercio débil y declinando (a salir con rebajas y ofertas para salvar lo que se pueda). Se acortan los contratos de trabajo y golpea el desempleo. La recaudación de impuestos es insuficiente. Y no hay señales claras de reactivación.
Es decir: necesitamos andar con más ritmo y fuerza. Ojo: las anteriores respuestas no son mis palabras. Sino una colección de dichos de la gente de casi dos semanas en los distintos medios de comunicación de los diversos grupos de poder. ¿Y sobre las causas del andar más lento? ¿Qué se dice? Nos perjudican las flacas y en crisis economías de Brasil y Argentina, y sus monedas baratas. Estamos casi sin turismo fronterizo de compra de bienes y servicios. El contrabando. Nuestro cambio de gobierno (con desorden, pelea y lento). Se frenaron las inversiones públicas. Suba del dólar. Demasiada politiquería (y corrupción). Menor cosecha de soja (efecto negativo en cadena o en cascada o como castillo de naipes, y eso que la soja “sólo beneficia a los sojeros”). Temor al impuestazo. Expectativa gris (gente con mal humor). Confianza desinflada.
Repito: no lo digo yo. Lo dice la gente y los mercados. En síntesis: tenemos una economía kangy. Con causas que no manejamos, pero por problemas que sí creamos. Y eso lo empeora todo. Cuando nada está fácil, producir dificultades es un crimen. Juan Pueblo, en la calle, se queja. Y tiene por qué. No hablamos de crisis porque pese al mal tiempo nuestra salud económica tiene resistencias. Pero, en la calle Juan Pueblo está menos bien que ayer. Le digo: se ralentiza nuestra economía. Me responde: ivai la porte. Y para complicar el panorama es muy preocupante el divorcio entre un Gobierno tibio y el resto del país caliente.
Un ejemplo, Guillermo Caballero Vargas y el difícil momento de la empresa Manufactura de Pilar SA: “El Gobierno debe tomar nota de esto. No se puede seguir anunciando un crecimiento optimista de la economía, cuando en la calle no se refleja tal crecimiento”. Pasó por igual delicada situación en el 2002. Es prehistoria. Los años del desastre económico por culpa de Luis González Macchi y Calé Galaverna (perjuicio de 2.061 millones de dólares). Nuestra recuperación se inicia en el 2003 y se mantiene hasta hoy. Unos 17 años ¿casi? Teníamos todo para una continuidad envidiable. Pero llegó el estronismo. El asueto del miércoles 27 para celebrar el Día de los Funcionarios Públicos sacado de la caverna de 1960 es una demostración clara y contundente de que el pasado no muere, vuelve, gracias al apoyo de grupos de poder económico “democráticos y progresistas”. En 1998 Hugo Chávez era muy popular, demócrata, rechazando la reelección. No cuenta lo que se dice, cuenta lo que se es y se hace. Duele decirlo, pero hay que decirlo.

