Por Juan Carlos Zárate Lázaro

MBA

Los niveles de endeudamiento en realidad provienen de varios escenarios.

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Uno de ellos podrían ser los hábitos familiares que “se nos han pegado”. Muchas veces nuestros progenitores han crecido económicamente tomando deuda para comprar lo que precisaban para la cobertura de sus necesidades personales, y los hijos también asumen inconscientemente de que esa sería quizás la mejor forma de crecer y de que les vaya bien en su vida, de tal forma a que se ponen a imitar dicho comportamiento cada vez que precisan comprar algo.

A veces se entra en “un círculo vicioso” en el que permanentemente estamos pensando en endeudarnos y no en ver alguna otra alternativa que nos puedan generar caminos más viables y con mejores retornos a través de autofinanciarnos con recursos genuinos.

Muchas veces también lo hacemos por presión social, porque vemos que nuestros amigos poseen un nivel de gastos más elevado y para “no quedarnos atrás” tenemos la falsa creencia de que también necesitamos endeudarnos y que a posteriori los pagaríamos a nuestros acreedores.

¿Cuántas veces ocurre que nos endeudamos sin ninguna necesidad, simplemente porque vemos que nuestros amigos o vecinos tienen tal o cual bien y también nosotros lo hacemos en forma totalmente compulsiva sin que en contrapartida exista ningún tipo de decisión racional de por medio?

También se dan las falsas premisas de que alquilar una vivienda o departamento es “tirar nuestro dinero”, y nos hacen creer que muy bien podríamos destinar dicho monto a la compra de una vivienda propia a través de un préstamo hipotecario de largo plazo.

La verdad es que muchas veces, salvo excepciones por supuesto, terminan de alguna manera alquilando un ingreso para pagar por su propio techo, dado que trabajan en relación de dependencia y salvo que uno ya tenga cierto tipo de estabilidad laboral, nunca sabe si en algún momento podrían despedirnos de la organización y quedarnos súbitamente sin dicha fuente de ingreso.

Ahora, si los ingresos que tenemos muestran la consistencia necesaria, y nos damos cuenta de que estamos haciendo una buena inversión con la compra de la casa que nos estarían generando ingresos pasivos, sí se justificaría adquirir el inmueble que uno desea, con lo cual sí tendría sentido el desbaratar las premisas mencionadas precedentemente.

También se dan casos de falsas creencias personales en donde decimos entre si, el endeudarme hace que me sienta obligado a esforzarme cada vez más para poder pagar las cuotas. Ideas que en realidad no tienen mucho sentido, pues la presión generalmente no es recomendable para el ser humano cuando viene de factores exógenos.

También se dan casos concretos en que debido a nuestra limitada cultura financiera, cuando recurrimos a un banco, y el oficial de créditos nos dice que la tasa nominal activa del préstamo es baja, nos autoengañamos, pues lo que se debería siempre evaluar no es dicha tasa, sino el costo financiero total de la financiación que estamos precisando.

El oficial de negocios está cumpliendo con su cometido primario, cual es la de vender uno de los productos crediticios del banco, pero por matemática financiera y actuarial sabemos que el costo real de la financiación sería diferente.

Alejandro Dolina decía: “La ignorancia es mucho más rápida que la inteligencia. La inteligencia se detiene cada rato a examinar; la ignorancia pasa sobre los accidentes del terreno que son las naciones a gran velocidad, y jamás hay nada que le llame la atención. Así llega rápidamente a cualquier parte, especialmente a las conclusiones”.

El objetivo primario de un comunicador que entiende de economía y finanzas personales, es traducir el complejo lenguaje de esta disciplina, de manera tal que el “común de los mortales” lo pueda entender y comprender muy bien, sin necesidad de tener un conocimiento previo acabado del tema.

Todo esto debería ser común y corriente dentro de la profesión del economista. Lo que pasa es que muchas veces no se cumple porque el técnico o comunicador sucumbe ante la tentación de utilizar un lenguaje técnico para demostrar supuestamente sus conocimientos sobre tal o cual disciplina y los que no los conocen a veces suelen restarle importancia a temas trascendentales como lo es el manejo del dinero en la vida de una persona a un nivel que él lo considera simple, pero autoengañándose muchas veces.

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