Esa frase se escuchó emerger como angustiosa de un corrillo de hombres importantes de gobierno, durante un día cualquiera de febrero en el Palacio de Gobierno.

Un par de días antes –probablemente asesorado por sus propios abogados–, Ulises había hecho una jugada de ajedrez de las pocas que pueden tener alguna inteligencia en el mediocre escenario político nacional: lanzó su candidatura a la intendencia de CDE desde su sitio de reclusión. Él sabía que al hacerlo, mucho más que inaugurar una campaña, estaba colocando una piedra en el zapato del Gobierno, molesta, inevitable y urgente de administrar.

Peor aún, operadores del oficialismo saltaron a apoyar a Ulises ante diferentes estamentos, incluso con aprietes contra la Justicia un poco antes de que se defina su estatus judicial. Pero el Gobierno estaba atrapado en la telaraña de su propio discurso y, aunque lo hubiera querido con toda el alma, no apretó tanto –por esa vez– sobre el juez para lograr la sentencia que abriera las puertas al abogado y político esteño privado de su libertad en el marco de una investigación contra el narco.

PERO EN CDE SE PRECIPITÓ TODO

Sin embargo, sucedieron otras cosas, como por ejemplo la caída de los Zacarías en el Este. Ese suceso trajo un viento de moderado entusiasmo en Ulises, felicidad por el derrumbe de su enemigo político, pero conciencia que lo que estaba haciendo el Gobierno con su operación contra los Zacarías era generar lo que en fútbol se llama “la ley de la compensación”.

Técnicamente el Gobierno no podía dar con un garrote a los Zacarías y abrir el candado para soltar a Ulises al mismo tiempo. La operación CDE suponía que Ulises se quedaba más tiempo. Era imposible pensar en otra fórmula.

De lo que no existen dudas es del manejo absoluto de los tiempos de la Justicia por parte del Gobierno. Lo que suceda con Ulises será exclusivamente la voluntad del Presidente.

PERO VOLVAMOS A LA HISTORIA

Caídos los Zacarías y convocada la elección para sentar a alguien en la ubérrima silla comunal de CDE, el recluido ve llegada la hora de dar el gran golpe de presión y anuncia su postulación al cargo de intendente desde la mismísima prisión y ya se inscribe con nombre y apellido.

Allí es donde se produce la frase con la que comienza este comentario en el Palacio de Lopez –¿qué hacemos con Ulises?–.

El más torpe del grupo allí reunido dice: –¿Y si decimos que puede ser un gran candidato para el 2020? Así ganamos tiempo y le colocamos un chupete edulcorado en la boca.

No aguardaron chequear la idea con el propósito Ulises (por el problema de competencia atroz por el micrófono que afecta al entorno) y ya salió alguien de inmediato a los medios a decirlo: “Nosotros creemos que Ulises es un excelente candidato para el 2020”.

Torpe porque Ulises no quiere ser candidato en el 2020 como prioridad. Es más. No quiere ser candidato siquiera hoy como prioridad. Lo que quiere es su libertad... como prioridad.

Luego pasó todo lo que ya se sabe: la respuesta de Ulises sobre que no cambiará de idea al respecto de postularse, la visita del asesor de Marito al titular del JEM (con fotito en Facebook incluida, una constante tentación millenial de este gobierno) y la desafortunada expresión del titular del JEM.

KAFKA, UN POROTO

Ulises sabe que si él se mantiene como candidato presiona al Gobierno a tomar una decisión que sea compensatoria. Esa decisión compensatoria tiene una fórmula muy sencilla: que Palacio de López se comunique –como lo hizo mil veces y lo reconocen las propias figuras del Gobierno– con el Palacio de Justicia y le pida: –“Liberen a Ulises, ñande amigo nio”.

Pero observen qué “kafkiano” está todo. El Gobierno sabe que si Ulises compite (con chapa o sin chapa de Añetete) se le va a la cuneta el discurso al respecto de CDE. Es imposible explicar ante la opinión pública que para reemplazar a una intendenta que acusan de corrupción tienen a un candidato que está procesado por vínculos con el narco. Sería impresentable. No importa qué resultados puede obtener Ulises en CDE, le tumbaría el discurso.

Pero, al mismo tiempo, no puede abandonar a Ulises a su suerte sin que eso deprima notablemente las posibilidades electorales en CDE. Y si se quiere agregar un componente más: el Gobierno no puede perder las elecciones municipales en CDE. Sería trágico para su relato político adentro de la ANR.

Por eso la jugada de Ulises de sostenerse como candidato es una estrategia inteligente para los fines que el diputado con nombre mitológico persigue. Él sabe que el Gobierno tiene que golpear las puertas de su prisión varias veces en este camino. Y quién sabe si en una de esas le dejan la llave.

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