El tema de la semana o del mes es sin duda la audiencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos en Costa Rica. Si no se hubiera explotado de manera mediática la historia del pedido de 63 millones de dólares que solicitan los secuestradores prófugos Arrom y Martí, para ellos y sus familiares, quizá hubiera pasado sin pena ni gloria... como todos los casos anteriores de la Corte.

Es que lo que indignó a gran parte de los paraguayos es que estos dos criminales prófugos se permitan pedir indemnizaciones luego de haber hecho lo que todos sabemos que hicieron (sí... me cag... en su presunción de inocencia, total no soy ni juez, ni abogado ni parte).

Ahora hay muchas cosas alrededor de este asunto. Primero, lo de los 63 millones de dólares es simplemente lo que estos badulaques pidieron y al derecho de pedir está el derecho de rechazar. O sea, por ejemplo, usted puede pedirle al que atropelló a su Gata Flora un resarcimiento de 500 millones de dólares y el juez se le va a reír en la cara, pero no puede ser condenado por pedir... Al final Flora puede valer eso o más para usted.

Siendo mal pensado como soy, creo que el que se haya filtrado ese pedido descabellado sirvió para que nuestro, prematuramente desgastado, gobierno añetete, encuentre alguna “causa nacional” para encolumnarnos a todos detrás y olvidemos los Cuchos, Cuevas, Samudios y Quintanas que tanto akã rasy anga le dan a Marito y sus amiguetes.

Algún vivo del primer anillo se tomó un tiempo, entre negociado y curro, para ver la luz y convencerlo al Presi de que se suba al carro de la indignación popular, pida prestado el Citation X a sus generosos amigos vialeros y se fuera de tour nacionalista a Costa Rica. Cualquier abogado especializado en esto le dirá que, si bien es probable que el caso se pierda, como todos los que le tocaron al Paraguay en esa instancia, la indemnización no pasará de ser simbólica y eventualmente de menos de 100 mil dólares. Ahí saldrán los próceres a contarnos el cuento de que salvaron a la patria de pagar la fortuna que pidieron estos dos criminales prófugos.

Por otro lado, nos demostró que el hablar al pedo o sin saber es un deporte más popular que el fútbol en nuestro país, sobre todo a nivel de algunas autoridades y políticos y más aún en las benditas redes sociales. Pulularon los eruditos pidiendo que renunciemos al Pacto de San José, que exiliemos a los del Frente Guasu (mandarles a Fernando Armindo y sus apóstoles a algún país podría ser considerado un acto de guerra, así que ojo), o que le hagamos pagar los 63 palos verdes a no sé quién.

Lo cierto, amigo, es que salir del Pacto de San José es un acto casi de barbarie, una especie de suicidio diplomático y sí... Estados Unidos no está, pero no sé si está claro que estamos lejos de tener la espalda del Tío Sam, que se puede dar lujos que nosotros, los del tercer mundo, no.

Además, quién le dice que en 5 o 10 años, con la suerte que tenemos, no tengamos un Nicolás Maduro Guaraní pisándonos con su bota los que sabemos y a quién le vamos a reclamar auxilio.

Mejor aprendamos que, por más que Arrom y Martí merezcan ser arrojados a una cueva llena de negros del Whatsapp drogados y hambrientos, hay que hacer las cosas por los caminos legales porque por más hijos de mil p... que sean merecen un proceso ajustado a las leyes... sino se agarran de eso para zafar.

El linchamiento es divertido y hasta justo, pero no es legal. Sino somos iguales a ellos. Y no está bien, don... Sabemos nio, ¿verdad?

Ahora esperemos la sentencia con paciencia y hagamos los deberes con Brasil para que el Capitão Jair Messias Bolsonaro los mande de una buena patada a estos dos sátrapas y vayan sus buenos 30/35 añitos a hacer guampas a Tacumbú.