Desde el mismo día en que el presidente argentino, Mauricio Macri, cumple 60 años –8 de febrero– la casi totalidad de los medios argentinos coinciden en sostener que “comenzó la campaña electoral” que, en octubre próximo, develará si el jefe de Estado recibirá otros cuatro años de confianza para iniciar un nuevo período el 10 de diciembre de este año, cuando finalice su mandato.

Sin embargo, no hubo ningún anuncio oficial ya que –por cierto– la ley no solo lo impide, sino que acota la publicidad electoral para que comience solo 30 días antes de las elecciones Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) que, en el 2019, se realizarán el venidero 11 de agosto fecha en que se conocerá, finalmente, cuáles serán las candidaturas presidenciales por las que podrá optar la ciudadanía argentina el 27 de octubre siguiente lo que habilitará a candidatas y candidatos a publicitar sus propuestas a través de los sistemas audiovisuales desde el 2 de ese mismo mes.

Pero, más allá de la norma –a la que desde muchas décadas poco se atienen, especialmente los que ocupan cargos electivos que deberían ser un ejercicio permanente del magisterio– todo indica que, sin que las oposiciones lo previeran, el oficialismo inició la carrera hacia las urnas sin aviso a la vez que encubriéndola con el presunto cumplimiento de la obligación constitucional de “publicitar los actos de Gobierno”.

Con ese marco contextual para la información pública, desde la Casa Rosada (sede gubernamental federal en Argentina) se incrementaron sustancialmente las acciones en las que Macri –junto con la gobernadora bonaerense, María Eugenia Vidal, y el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta– recorre relevantes obras de infraestructura en desarrollo o terminadas luego que los dos últimos mencionados informaran que las elecciones para elegir a quienes habrán eventualmente de sucederlos en sus cargos, serán en la misma fecha que los comicios nacionales, lo que, en la estrategia, podría potenciarlos ante la ciudadanía.

“El viejo truco”, diría Maxwel Smart –el Superagente 86– protagonista principal de aquella deliciosa e icónica creación cultural de Mel Brooks en el siglo pasado. Algunos analistas también categorizan tales acciones proselitistas como “campaña electoral implícita”.

Uno de los más reconocidos analistas políticos argentino, Luis Tonelli, coincide con tales afirmaciones. En diálogo con este corresponsal sostiene que “en lo único que están ocupados (en el oficialismo) es en la campaña” aunque estima que “por ahora se trata de movimientos tácticos para asegurar la logística electoral y, por decirlo de alguna manera, en las operaciones de sabotaje detrás de las líneas enemigas”.

Por su parte, el consultor Ricardo Rouvier –de notable desempeño con sus estimaciones y encuestas en los momentos previos a cada elección en este país, quien también aceptó al entrevista con La Nación– destaca que “el oficialismo lanzó la campaña electoral con el gesto político de rodear a Macri por encima de toda posible conveniencia electoral con lo que despejó el camino hacia el tramo formal” del proceso comicial.

Entre tanto y casi como inevitable contraste, desde las oposiciones –especialmente desde seno del Partido Justicialista (PJ) de donde emerge también Unidad Ciudadana (UC), creado por la senadora y ex presidente Cristina Fernández– solo trascienden desacuerdos, acusaciones cruzadas y expresiones con las que sus más relevantes voceros pretenden contragolpear a sucesivas decisiones judiciales que afectan a sus máximos referentes sobre los que pesan reiteradas acusaciones, procesamientos y prisiones preventivas por tan graves como históricos presuntos hechos de corrupción estructural cometidos –según los fallos de la justicia que aún los investiga– con el liderazgo de la propia ex mandataria en complicidad con dos centenares de relevantes empresarios.

“Más allá de los tiempos procesales –reflexiona Rouvier– es indudable el efecto político que tiene las acciones judiciales en las que aparece fuertemente involucrado el gobierno K junto con un grupo de empresarios” lo que el gobierno del presidente Macri “integrado principalmente por hombres de negocios, que muestra y privilegia una justicia independiente” porque “necesita religarse con sus principios republicanos y, uno de ellos, es la independencia del Poder Judicial”.

Desde esa perspectiva, enfatiza: “El plan de marketing político del gobierno apunta a consolidar la asociación entre delito y kichnerismo, frente a un gobierno que muestra respeto por la división de poderes”.

Coincidentes encuestas dan cuenta que entre un 58% y un 64% de los consultados aseguran que en las venideras presidenciales “votarán opositores” en tanto que en esos mismos trabajos, entre el 28% y el 34% responden que “votarán oficialismo”.

Ante esos datos, Tonelli considera que “es relevante, como interrogante, conocer cómo votará el tercio que rechaza tanto a Macri como a Cristina en un eventual balotaje. ¿Votará en blanco o al mal menor y… cuál será el mal menor?”.

Rouvier, por su parte, destaca que “las tendencias y la segmentación electoral son similares a la del 2015 y 2017” cuando se impuso Macri pero sostiene que “la actual diferencia es la acentuación de la oposición por el fracaso económico gubernamental, que genera conductas como: enojo, frustración, desencanto; sobre todo entre sus votantes y en sectores independientes. En la tensión entre el resultado económico y la reafirmación o no del voto al oficialismo está la clave de la elección mientras Cristina como candidata (que aún no lo es) evidencie tener muchos votos pero también un límite de crecimiento”.

Desde ese lugar, sentencia: “el próximo ganador, gane quien gane, seguirá siendo una minoría, obligada a condicionar su gestión a las negociaciones con parte de la oposición”, como sucede desde hace ya tres años aunque, sin embargo, advierte: “El fortalecimiento del voto negativo al gobierno (que emerge de las encuestas, da cuenta que Macri) “asume más riesgos que en el 2015 y 2017”.

Pero, más allá de los datos y los hechos… ¿qué puede llevar a una derrota a Mauricio Macri o a Cristina Fernández, en las próximas presidenciales?

Luis Tonelli: “Macri puede ser derrotado si no se presenta Cristina, lo que considero que es muy difícil que suceda. A Cristina, justamente, puede ser derrotada que finalmente es candidata.”

Ricardo Rouvier: “Macri puede ser derrotado por la situación socioeconómica que es un factor excluyente por encima de otras cuestiones que han perdido prioridad en términos relativos frente a la recesión, la inflación, la caída real de los ingresos, la pérdida de expectativas y que, el factor seguridad como eje de campaña no logre el impacto suficiente. Cristina, por su parte, puede ser derrotada porque su capacidad actual de diálogo, para la unidad (del peronismo), entre cuatro paredes, no le alcance para conformar un consenso para superar un posible balotaje. Además, representa el pasado, al cual, muchos no quieren volver a pesar de las penurias actuales”.