Las predicciones sobre un mundo en el que nuestro destino esté regido por algoritmos pueden ser ciertas, incluso a corto plazo, por eso se hace más necesario que nunca potenciar los valores humanos y educar las emociones.

Admiro a Yuval Noah Harari, el historiador israelí que nos ha cautivado con libros como “Sapiens, Homo Deus” y sus 21 lecciones para el siglo XXI. Muchos de los planteamientos de Harari parecen inquietantes, pero, más que alarmistas, constituyen la llamada de atención de un intelectual brillante, serio y riguroso sobre la sociedad que hemos construido y sus posibilidades de supervivencia.

Me gusta Harari cuando valora la capacidad de las personas para cooperar y establecer redes de confianza, aunque no se conozcan entre sí, pero me preocupa cuando vaticina que pronto llegaremos a creer más en la inteligencia artificial que en la humana, sobre todo porque Harari no es un visionario cualquiera, sino un pensador profundo con capacidad de análisis y previsión.

Pensar que en un futuro cercano los departamentos de recursos humanos lleguen a seleccionar a los trabajadores mediante un algoritmo, que la productividad empresarial esté por encima de las personas y que no se tengan en cuenta sus emociones, solo puede conducirnos a la autodestrucción.

Estoy convencida de que la única manera de liderar con éxito es creer en los valores humanos por encima de todo. En mi opinión, este es el decálogo que todo líder debe tener presente:

  • Redactar un código ético de empresa (y cumplirlo). Habrá que dejar claro qué conductas son deseables, cuáles están prohibidas y quésanciones habrá si se incumple lo pactado.
     
  • Cuidar el bienestar de los trabajadores y escuchar sus necesidades para lograr su satisfacción con las condiciones laborales.  
     
  • Educar las emociones como garantía de éxito personal y corporativo. Aprender a gestionar la ira, a sentir empatía, a comunicar con asertividad… son recursos imprescindibles no solo para losdirectivos, sino también para todos los miembros de la empresa.
     
  • Darfacilidades para la conciliación. No hay nada que un trabajador valore más que la flexibilidad horaria para poder ocuparse de su vida personal o familiar.
     
  • Compensar los esfuerzos (¡no necesariamente ha de ser con dinero!).
     
  • Fomentarlos ambientes multigeneracionales. Las personas de diferentes edades aportan conocimientos y visiones enriquecedoras para todos.
     
  • Proteger la diversidad cultural, étnica, de género, y luchar contra cualquier tipo de acoso.
     
  • Evitar la desigualdad social. Establecer salarios justos entre trabajadores.
     
  • Contribuir socialmente. Todos podemos y debemos hacerlo; también las empresas, mediante campañas, sensibilización, donativos, ayudas altruistas, contratación de personas vulnerables, etcétera.
     
  • Proteger el medioambiente. Es nuestra obligación.
     

Las empresas, como motor de la sociedad, tienen la gran responsabilidad de construir un futuro mejor, más igual y solidario. De eso depende nuestra supervivencia humana.