- Por Mariano Nin
El clima está cambiando.
Un día hace un calor de locos, al otro llueve, hace calor, hay humedad y luego refresca. El orden se invierte y se repite. Estos estados climáticos ya no sorprenden, se están volviendo cotidianos. Aquí y en Nueva York.
Desde hace tiempo los científicos vienen advirtiendo que el calentamiento global genera múltiples consecuencias, todas negativas, en los sistemas físicos, biológicos y humanos.
Y, sin embargo, el cambio climático no es nuevo. Nosotros solo lo empeoramos. Los expertos coinciden en señalar a la “Revolución Industrial” como el punto de inflexión en el que las emisiones de gases del efecto invernadero arrojadas a la atmósfera empezaron a dispararse.
Lo demás ya lo sabemos.
A nosotros nos afecta todo. En especial las lluvias. Cada vez son más persistentes e impredecibles. Y no solo es por los baches. La mala implementación de campañas de prevención y la desidia de una gran mayoría, hizo que durante las temporadas de lluvia aceche uno de los peligros más letales: el dengue.
La transmisión endémica de la enfermedad a través de un insignificante pero insistente mosquito, el Aedes Aeypti, nos pone en uno de los procesos más angustiantes.
Hoy lo vivimos y la tendencia es creciente. Ya se detectaron unos 30 casos y el nivel de infestación va en aumento. Claro, no es solo culpa del cambio climático, ese es solo un detonante, parte de la responsabilidad es tuya. Desde todos lados se insiste en que se deben implementar medidas urgentes de limpieza e higiene. Y la realidad nos dice que vamos a seguir sufriendo.
En el contexto mundial la infección afecta cada año entre 200 y 400 millones de personas y mata a medio millón de ellas.
En el 2013 en nuestro país vivimos una epidemia en la que se dieron 150 mil casos. ¿Sabés cuántos muertos?: 252. Terrible.
En nuestro país hay unos 10 millones de neumáticos inutilizados por nosotros, pero utilizados por el mosquito que hacen de ellos los principales criaderos. Y esta es una de las tantas preocupaciones. No debería de ser así. Si vos revisas tu casa, o ves en la calle uno de ellos deberías derramar el agua, pero a decir verdad… nadie lo hace. Solo esperamos que pasen los trabajadores del Senepa para dar una mirada a lo que pone en riesgo a nuestra familia.
Es tu responsabilidad mantener limpios jardines y patios. Es la forma de asumir un compromiso que garantiza al menos, menos riesgo.
Cuando se desata una epidemia, tenés que saber que perdemos todos. Los sistemas de salud colapsan, faltan (más) insumos en los hospitales, la economía recae porque la gente se enferma y no trabaja y los jóvenes pierden días de estudio que, así como están las cosas, difícilmente podrán recuperar.
El cambio climático y las enfermedades presentes, pero evitables, nos están frustrando el futuro. Es una cadena. Si no asumimos el compromiso de cuidar el planeta, el planeta nos pasa la factura. Es como la cuenta de la Ande, vos te callás y cada año aumenta sin que haya un aumento. La cuenta del planeta a la humanidad es cada día más abultada y para ella no hay revuelta ni protesta que sirva.
Hoy el dengue está de vuelta… y vos, ¿ya revisaste hoy tu patio?

