- Por Felipe Goroso S.
- Analista
- Twitter: @FelipeGoroso
La política exige ser portador de algunos dones, uno diría que tal vez sean cada vez menos, aunque eso es tema para otra columna. Saber elegir las batallas que deberían librarse es -sin lugar a dudas- uno de ellos.
Algunas batallas uno decide librarlas aun cuando, en teoría, se sepa que a los efectos de los resultados concretos vayan a perderse. Pasa que en política una derrota no cotiza igual que en otras disciplinas donde un resultado negativo puede condenar para siempre. En el ámbito de la política uno puede llegar a construir su proyección en base a una derrota, si las cosas se manejan de manera estratégica, inteligente y con creatividad. Muchas veces, uno aunque pierda está ganando. Así de paradójica es esta carrera de ser político.
También suele pasar que uno hace todo para ganar, cuando de verdad quiere alzarse con la partida y aun así termina perdiendo. Y en cada batalla que se libra hay muchos factores en juego, algunos de ellos son la credibilidad, la reputación y el desgaste que conlleva en la imagen.
Pero el problema original está en la selección de las batallas dignas de ser libradas.
Y como en Paraguay la mayoría de estas decisiones no se toman con estudios ni documentos en mano. Al contrario, se toman en base a olfato, sacando el dedo por la ventana para sentir el viento o por lo que les dice el estómago. Peor aún, se decide en caliente. Y como precarios son los mecanismos de toma de decisión para saber qué batallas son dignas de librar, así de precarias suelen ser las consecuencias.
Escribo esto a propósito de la lucha que se está dando en Ciudad del Este y la participación que está teniendo el gobierno de Mario Abdo en el conflicto. Un gobierno que nos está acostumbrando a librar batallas que -en apariencia- son inservibles, ineficientes, inoportunas e inconvenientes. Lanzan todas las señales de que no deberían ser ni siquiera tenidas en cuenta. Menos aún en este estratégico primer año, que debería de ser un año de búsqueda de consensos. Un año de gestión y resultados.
Que no sea que algún mal pensado crea que pasan de una batalla a otra como forma de tapar la falta de gestión. Espero, de verdad, que el Gobierno entienda que no todas las batallas son dignas de ser libradas, que hay que saber elegirlas, lo cual es casi imprescindible en la política. Esa mala palabra que empieza con p y termina con a.

