Hoy hace exactamente 104 años cuando un 12 de enero la Cámara de Representantes de EEUU rechazó la propuesta de otorgar a las mujeres blancas el derecho al voto. ¿Negarles el derecho al voto a las mujeres? A muchos les parecería una mentira, un guión de ficción para Hollywood, pero no. Desde aquel julio de 1848 –cuando por primera vez fue propuesto el derecho al voto para las mujeres en la Convención de Seneca Falls– ellas tendrían que pelear durante más de 70 años por obtener este derecho básico. Fue a partir del 26 de agosto de 1920, al convertirse en ley la Decimonovena Enmienda a la Constitución, cuando recién las mujeres pudieron votar.

Esta batalla, que hoy día para el mundo civilizado parece un cuento de hadas (o de brujas), aún se libra en ciertas partes del mundo, pero a escala más encarnizada.

“Estoy segura de que me matarán” fue el desesperado grito de Rahaf Mohammed Mutlaq al Qunun, una joven de 18 años, que el 6 de enero había sido detenida en el aeropuerto de Tailandia cuando intentaba escapar de su familia en un vuelo hacia Australia, donde pediría asilo. La chica saudita aprovechó el viaje familiar a Kuwait y en un descuido tomó un vuelo a Bangkok, pero su sueño de libertad fue truncado por las autoridades sauditas y kuwaitíes que pretendían la repatriación.

Es que la muchacha había roto una de las leyes vigentes en el país árabe, que establece que ninguna mujer puede desplazarse sin permiso de un hombre, ya sea su padre, hermano, tutor o hasta su propio hijo.

La angustia de Rahaf se hizo eco y la noticia recorrió el mundo. La incredulidad aumentaba y la situación indignaba a los hoy más de 113.000 internautas, que atónitos se enteraban sobre los malos tratos de los que la chica era objeto. Por ejemplo, que fue encerrada durante 6 meses en una habitación como castigo por haberse cortado el cabello.

Lo que para nosotros es algo simple y natural, en Arabia Saudita y otros países está prohibido, al punto que la Embajada saudí y el padre de la joven la acusaban de estar mentalmente enferma y que no sabía lo que hacía para que sea entregada a su custodia. Para ella, eso significaría la muerte porque la vergüenza familiar debía lavar su honor con sangre.

Hace tres días, mediante la intervención del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados, Rahaf dejó el aeropuerto y fue llevada a un hotel desde el que tuiteó “Soy feliz”, con dos emoticones: un corazón y unas manos juntas en señal de oración.

Aparentemente este episodio tiende hacia un desenlace feliz, ya que ayer “avisó” a sus seguidores que “Me aceptaron. ¡Estoy tan feliz! Comenzaré una nueva vida”, ya que las autoridades australianas le habían concedido el asilo.

El año pasado, mientras que en esta parte del mundo Nicolás Maduro concretaba y salía ganador en las elecciones en Venezuela y por las que hoy la comunidad internacional está conmocionada, en Arabia Saudita organizaban el primer y revolucionario congreso de mujeres para promover la igualdad de oportunidades en el mundo laboral de ese país.

Entonces, con gran orgullo el emir Faisal bin Mishal bin Saud anunció que el consejo “Qassim Girls Council” era el primero y único en todo el reino, sin embargo en el escenario ocuparon su lugar 13 hombres. No había ni una sola mujer.

Pese a los “esfuerzos” de los hombres para otorgarles la igualdad a sus “hermanas” saudíes, estas recién lograron el derecho a votar y ser votadas en el año 2015… ¡100 años después de la negativa dada por la Cámara de Representantes a las mujeres norteamericanas!

Si un siglo de retraso parece mucho para los derechos básicos de las mujeres, entonces habría que reconocer la “gran victoria” de las activistas locales, quienes con casi 20 días de antelación al 24 de junio lograron que la Dirección de Tránsito de Arabia Saudita comenzara a entregar licencias de conducir a las mujeres, porque hasta esa fecha estaba prohibido que se pusieran delante de un volante. Un detalle... eso ocurrió el año pasado, en pleno 2018, aunque parezca increíble.

Ya mencionamos que ellas no pueden desplazarse fuera de la casa sin un “mahram”, el guardián varón, que debe acompañarlas incluso si van de compras o a la consulta médica. Esta regla incluye los viajes, por eso la acción de Rahaf podría ser causal de muerte.

Otras prohibiciones que suenan descabelladas son entrar a un cementerio (no pueden despedir a sus muertos), leer una revista femenina (que no haya sido previamente autorizada) o comprar una muñeca barbie (consideradas provocativas). Tampoco pueden abrir una cuenta bancaria sin permiso de su marido, practicar deportes a la vista de todos, probarse ropa durante la compra, mostrar su belleza (deben llevar túnica cerrada y velo), entre otras.

Tal vez esta fecha y estos datos nos ayuden a reflexionar sobre hasta qué punto nos parecemos a los árabes y no nos damos cuenta. Las autoridades deberían sentir vergüenza por el índice de feminicidios, por ejemplo.