• Por Eduardo “Pipó” Dios
  • Columnista

Estaba reclamando en la radio estos días... más bien plagueándome respecto a temas cotidianos donde nos hacen cosas o nos joden y al parecer a ninguna autoridad le importa que nos quejemos.

Son dos temas que tienen que ver con al defensa al consumidor, uno el de las tarjetas de crédito y los famosos “recargos”, el otro el abuso de las casas de cambio en la zona de desembarque del aeropuerto Silvio Pettirossi.

Pero vayamos al primer tema, hace décadas que reclamamos por las tasas de interés de las tarjetas, llegamos a extremos cuasi populistas de limitar por ley las tasas máximas en porcentajes de imposible acceso a las clases media y baja. Pero no nos quejamos del famoso “recargo” por pagar con plástico. Ese recargo tan ilegal como argel, es una práctica común en los comercios pequeños. En los comercios grandes y cadenas se disfraza como “descuento por pago al contado”. Es lo mismo, solo que trata “gua’u” de disimular que están recargándote un 10% o más por pagar con tarjeta.

Esto está prohibido expresamente por las procesadoras en los contratos y además se encargan de ponerte en cada lugar que pueden que no aceptes recargo. Pero no solo no hacen nada sino que permiten que se hagan promociones abiertas en medios masivos ofreciendo esta trampa.

Podrán argumentar los comerciantes que ellos deben pagar ese porcentaje por vender con tarjeta a la procesadora, pero es el costo por dar esa facilidad que atrae clientes. Pero es “tu costo” amigo... no del cliente.

Los supermercados y estaciones de servicio no cobran diferenciado porque pagan menos comisión o no pagan..., pues pidan igual trato.

Los reclamos se viven haciendo ¿y la Oficina de Defensa al Consumidor? Bien gracias... saludos.

Respecto al segundo caso, ya hemos reclamado de todas las maneras y en todas las instancias la presencia de los corsarios que fungen de coqueta casa de cambios en la zona de desembarque del aeropuerto Pettirossi. La primera imagen del país que recibe el turista o visitante es la de unos piratas con camisa y corbata que te pagan la mitad de lo que valen tus dólares, euros, pesos o reales sin sonrojarse. O sea, el “hola qué tal” te costó una fortuna. Lo más simpático (???) es que 20 metros más adelante, cuando ya salís, tus dólares valen el doble en la casa de cambios decente del lobby. ¡Milagroso Señora!

También nos han respondido con el típico y folclórico “qué bárbaro, vamos a averiguar” y ahí siguen los muchachis facturando sin piedad.

De qué sirve quejarnos si a nadie le calienta, y no sé tío... Pero aunque sea eso... anga.