La sentencia, dictada por el sentido común, es clara: estamos perdiendo el tiempo. Los acusados somos nosotros, los paraguayos, y curiosamente las víctimas también. Estamos perdiendo el tiempo, justo aquello que no se puede recuperar, y lo venimos haciendo hace mucho, así que la cantidad de tiempo que ya perdimos es exageradamente grande. Cada cinco años elegimos, los que vamos a votar y los que no, a un grupo de personas que deberían invertir ese valor universal llamado tiempo y nuestros recursos para llevarnos a un lugar mejor, pero, por peder el tiempo, seguimos atascados en nuestro eterno punto de partida.
Hay algo profundamente extraño en la forma en la que funciona la política cuando se está en la fase electoral, todos los candidatos saben cuáles son nuestros problemas más urgentes, todos saben cuáles son las soluciones e incluso lo más hacendosos ya tienen planes de acción para ejecutar dichas soluciones. Sin embargo, al llegar al poder toda esta lista de temas urgentes se deja sobre el escritorio y se reemplaza por una lista alternativa de cosas que hacen al día a día de ser poder, en lugar de ejecutar ese poder.
Cada gobierno tiene apenas cinco años para intentar ejecutar sus planes, los mismos usualmente se dividen de la siguiente manera: el año 1 sirve para concertar las alianzas necesarias para lograr la gobernabilidad, que no debe ser confundida con gobernanza que es a lo que deberíamos estar apuntando. Los años 2, 3 y 4 son los 36 meses en los cuales un equipo de gobierno puede verdaderamente ejecutar sus planes en todas las áreas de acción y esperar a cosechar los resultados, ya que el año 5 sirve para trabajar en campaña electoral desatendiendo las funciones para las cuales uno ha sido elegido. 5 años son apenas 3 que se quedan cortos, demasiados cortos, para nuestras apremiantes necesidades.
Ante la carencia de tiempo, que cada día es mayor, propongo que cada gobierno se concentre única y exclusivamente en aquellas cosas que ya sabe que hay que mejorar y que no se cansa de repetir en épocas de elecciones: Salud, educación, infraestructura y empleo. Si el lector piensa que en esa lista falta seguridad déjeme asegurarle que la misma es una consecuencia directa de la aplicación correcta de los ítems anteriores. Esos son los 4 grandes problemas de nuestro país y son esos 4 puntos los que tenemos que estar discutiendo. Necesitamos un Paraguay sano y bien nutrido, un país con gente que aprende lo necesario para brillar en esta era, infraestructura que nos conecte y eleve nuestra calidad de vida y políticas que permitan la generación de empleos dignos y sostenibles en el tiempo. Cualquier otra cosa que no esté en esta lista es perder el tiempo.
Las rencillas políticas internas son una gran pérdida de tiempo, la repartija de cargos para pagar favores es una doble pérdida, de tiempo y recursos. Intentar resucitar al SMO es una enorme pérdida de tiempo, y de imagen política de paso, pasearse en tanque es perder el tiempo, viajar para ver lo que ya vieron los que estaban antes es perder el tiempo, que el Congreso se declare provida y familia es perder el tiempo, que el cuerpo legislativo tenga 3 meses de receso es perder el tiempo. Todo lo que no sea ocuparse de la salud, educación, infraestructura y empleo es perder el tiempo. Ojo, para mí al menos.
Es hora de dejarse de joder, de aflojarse la corbata y trabajar en estos puntos y transformarlos en políticas de Estado que sean transversales a todos los gobiernos venideros. La única vez que este país se embarcó en una política de Estado fue con la salud macroeconómica, respetada por todos los gobiernos desde su instalación, y los resultados son magníficos y están a la vista. Lo hicimos una vez en la historia y nos salió bien, ¿por qué no hacemos lo mismo con todos los otros puntos?
Solamente tenemos que dejarnos de joder.