• Por Eduardo “Pipó” Dios
  • Columnista

De un tiempo a esta parte, un sector político, mezcla de algunos partidos minoritarios, un sector liberal y los ex cartistas enojados de la ANR, decidieron que “no nos conviene más” este modelo. Decidieron sin preguntarle a nadie si era realmente así, ya que quien sabe mejor lo que este país quiere y necesita son ellos, los iluminados, y su luz, el señor Acero y sus chicos.

El razonamiento es simple: “Nosotros somos buenos, ellos malos” y el que no piensa así también es malo. Salvo que te des vuelta como un panqueque y ahí volvés, milagrosamente, a la senda justa que nos marca Acero, hoy con más razón desde el altar de la patria, sentado a la diestra de López (los dos, ponele), Francia y el Rubio y Lino’o (si vamos por las variopintas vertientes ideológicas de donde se ha nutrido nuestro guía).

Si vos sos de los buenos, tenés todo, tío. Justicia luego sin dudar, pero sino te gusta lo que dice esa justicia, escrachamos al juez, le tiramos dos o tres medias verdades y se le corrige. Porque, como decían Perón y Mao... para los amigos todo. Además tenés impunidad para hacer lo que se te cante, aunque sea el mismo tema por lo cual se despotrica y se fusila al “malo”, no se publica nada... Ni una línea. Para eso están los amigos... ¿o qué?

Pero, si por una cosa u otra, se diera el caso de que no nos gusta algo y no funciona el apriete, tenemos un as bajo la manga... Creamos una comisión parlamentaria. Genial, épico, nambre luego... Total tenemos el “artículo 23”, una mayoría simple que te da derecho a absolutamente todo. Salvo que la mayoría falle, entonces empezamos con las tapas en las que los 23 “senarratas” deben ser lapidados en la plaza pública y echados de los shoppings y los súper.

Si el “senarrata” vuelve al redil, deja de ser senarrata en el instante. Así de fácil.

Ahora en serio, estos chicos registraron a su nombre la palabra institucionalidad, en la cual, perdón por la palabra, se cagan día a día. Usurpan funciones, usurpan bancas y usurpan todo lo que se les interponga. Este nivel de destrucción de las instituciones va a terminar mal. Seguramente los ideólogos saldrán indemnes y pagarán los idiotas útiles como Rodolfito y otros, pero el daño es enorme.

Cuando los herederos del señor de la Luz se den cuenta de lo que hicieron, pondrán cara de víctimas y perseguidos. Como cuando se indignan por Rodrigo Quintana, pero se olvidan de cuando justificaban el asesinato de Argaña y los jóvenes del Marzo Paraguayo sin que se les mueva una pestaña. No nos olvidemos de eso y de esto cuando nos quieran contar que ellos no fueron.

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