• Por Mariano Nin
  • Periodista

“Los niños son el futuro” es quizás la frase más trillada de cuantas se han publicado. Y, aunque encierra una gran verdad, para los políticos no es más que una expresión populista con la cual enganchar al electorado en los momentos en que las papas queman.

No es nueva, ni se dejará de repetir, incluso cuando ya no haya nadie en quién creer.

La verdad es que los niños pobres, incluso los niños de clase media, seguirán siendo educados bajo una manta de semiignorancia de la cual solo unos pocos lograrán sobresalir.

Y es que el conocimiento, la base del crecimiento, comenzará nada más los chicos pisen las escuelas. Maestros poco preparados, algunos despreocupados y otros desinteresados, aulas en ruinas y mobiliario arruinado marcarán la que debería de ser la etapa más importante del ser. Entonces esa intención de preparar a los niños para el futuro nos regalará el presente que tenemos: autoridades mediocres más preocupadas en recaudar que en brindar un servicio al bien común.

No lo digo yo. Solo basta abrir el diario para ver que los augurios más negros son una realidad. Así fue, por ejemplo, como Julián Vega, nada menos que el entonces director general de Migraciones, era expulsado de Taiwán tras ser denunciado por tocar a una traductora.

Ni siquiera se ruborizó cuando dijo que en nuestro país (Paraguay) eso era normal, sin detenerse a pensar que normal se volvió postergar lo impostergable para priorizar más de lo mismo.

Y así, casi sin darnos cuenta, queriendo o sin querer, es como nos insertamos en las estadísticas mundiales a la altura de países subdesarrollados castigados sin piedad por la naturaleza como Haití o El Salvador, aun teniendo la bendición o la suerte de no ser castigados por catástrofes naturales que nos hubieran llevado a la era de piedra.

Esta semana los periódicos nos regalaron otra joya para entender por qué los niños dejaron hace tiempo de ser el futuro. Hay un análisis llamado PISA (Programme for International Student Assessment) que lleva a cabo la OCDE a nivel mundial y que mide el rendimiento académico de los alumnos en matemáticas, ciencia y lectura con el objetivo de proporcionar datos comparables que posibiliten a los países mejorar sus políticas de educación y sus resultados, ya que este análisis no se evalúa al alumno, sino al sistema en el que está siendo educado.

Nos aplazamos. De aquí a la luna. Paraguay fue el peor de los países latinoamericanos que participaron de esta prueba, junto con Ecuador, Honduras y Guatemala.

Solo en matemáticas el 8% de los estudiantes paraguayos alcanzó el mínimo. Sí, el mínimo.

La educación ya no está en crisis. Solo es prisionera de un sistema que invierte en ignorancia para seguir manteniendo el poder mientras los políticos juegan a las escondidas con los recursos que nos hubieran permitido salir del atraso… pero esa es otra historia.

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