- Por Augusto dos Santos, analista
– ¿Qué hora es?
– ¿Qué hora quiere usted que sea, Presidente?
Desde que se instaló como un mito del gobierno de Perón esta respuesta de alguien a la pregunta del mandatario, la misma ha permanecido generosa en todos los gobiernos, mitad broma, mitad adulonería por parte de alguno que quisiera demostrarle al líder cuánto poder tiene.
Un ex presidente me dijo una vez que el problema no es ser presidente, sino “creérselo” fruto de diversos síndromes de poder que degeneran en una incapacidad para leer lo que en verdad ocurre.
Allí es donde empieza a poblar esa flora ya enrarecida por los adulones otra tribu aún más peligrosa, que es la que –aparentemente– está colonizando hoy la Presidencia: The Avengers, versión guaraní.
Se trata de media docena o más de personajes, a los que ya no les importó tirar a la cuneta los cien días de gobierno (por cierto, fue impresentable que ningún sector presente logros; peor aún, siquiera Senad, que los tuvo) a cuenta de privilegiar la agenda de venganza contra Horacio Cartes, que si bien fue adversario duro de Marito en el periplo 2015 al 2017, fue fundamental para dos momentos cruciales en la vida del Sr. Abdo Benítez: lo ayudó a ser senador en el 2013 y le dio los votos que precisaba para ser presidente en el 2018. En cualquier país del mundo eso suele ser un apoyo inolvidable.
Mirando objetivamente el escenario, no existen dudas que a abril del 2018, una vez conquistada la copa, The Avengers habrán razonado dos cosas: a) que Cartes era una competencia y b) que había que eliminarlo. Eliminar en política por otras vías que no sean los votos no siempre es un buen negocio. Stroessner lo hizo a fines de los 50 y sus expulsados retornaron para ver su caída.
El problema no fue –por cierto– que The Avengers idearan un plan para eliminar a HC comenzando por esa increíble historia de Abdo Benítez haciendo campaña electoral con HC, anunciando “el lujo de tener la colaboración de un ex presidente” en su gobierno para abandonarlo luego sin asco. O que tuviera la iluminada idea de quemar sus naves con un poderoso enclave de poder geopolítico, cerrando la embajada en Jerusalén “para hacerle histerisquear nomás a Cartes” (porque dicen que esa fue la frase de una increíble e influyente asesora en temas generales del gobierno). No. El problema no es todo lo que puedan hacer para que a Cartes no le queden dudas que el Gobierno hoy está en manos de sus adversarios. El problema tampoco es cuán felices pueden sentirse o no los enemigos empresariales del grupo Cartes con este camino. El problema es que Mario Abdo Benítez ganó las elecciones hace ocho meses y si se escribiera una historia sobre su gestión hasta ahora, el título tendría que ser: “Se dedicó todo el tiempo a pelearse con la memoria de Cartes”.
SE ACABÓ EL RECREO
Cuando el Partido Colorado decide acabar con el gobierno de Fernando Lugo en coordinación con sectores –hasta entonces– irreconciliables del PLRA, una frase emblemática del entonces gobernador de Itapúa Juan Afara fue: “Se acabó el recreo”. Al margen de lo simpático que resulta que justo sea un eterno lactante de la politiquería el que lo dijera, esta frase podría ser hoy muy importante para el Gobierno.
El Gobierno tiene que gestionar por arriba, o por abajo o por el costado de Cartes, no puede seguir con esa obsesión freudiana porque doña Rosa, don Felipe, Miguelito y todos los mortales de este país queríamos un presidente para que sea presidente. Si queríamos un marcador para HC, le elegíamos a Juan Escobar o al Pachanga Mendoza.
Si se trata de buscar para alguno el castigo de la justicia ese es un asunto de la Justicia, que es cierto que funciona mal, pero no funciona peor que la política. Funciona peor con la política.
No suceda, como pasó siempre (marzo paraguayo, último episodio), que The Avengers marquen la agenda de un nuevo gobierno y todo termine de la peor manera.
Dejen gestionar al Presidente.-