- Por Fernando Filártiga
- Abogado
La idea de reformar el sistema tributario para hacerlo más eficiente y equitativo está entre las que encabezan el debate nacional. Una reforma necesaria en un país de baja y desigual presión contributiva, donde la recaudación es menor al promedio de la región, se vuelca a gastos rígidos y el desarrollo se financia primordialmente con deuda. Aunque una reforma destinada a quedar a medias, si no viene amarrada a la optimización del gasto público, como precisó en declaraciones recientes el titular de la cartera de Hacienda.
Gastar mejor. En nota que publica El País (24/09/18) sobre un reporte del uso de recursos públicos realizado por el BID, el economista jefe Alejandro Izquierdo explica que el dinero derrochado por los gobiernos latinoamericanos (+/- US$ 220.000 millones) bastaría para erradicar la pobreza extrema del continente.
No estamos entre los que peor gastan; de hecho, Paraguay avanzó bastante en administración financiera del Estado y destaca por su disciplina fiscal. En los últimos 5 años se ha priorizado la inversión social en los sucesivos presupuestos, se introdujo la nueva matriz salarial (PGN 2015), la regla fiscal y leyes de transparencia y acceso a la información que empoderan a la ciudadanía como contralora de las cuentas públicas, entre otras.
Pero persisten ciertas ineficiencias en el gasto público, según corrobora el Banco Mundial en el informe Invertir en Capital Humano que dedica al tema.
El informe fue solicitado por el Gobierno y detecta falencias como: (i) inversión insuficiente en capital humano, “la nueva riqueza de las naciones”, (ii) bajo retorno del dinero invertido en ciertos sectores como educación, (iii) casos de subejecución aguda en algunas categorías presupuestarias como salud y asistencia social, (iv) la volatilidad del sistema de compensación del funcionariado.
Tales conclusiones llegan cuando el Ministerio de Hacienda ya tiene conformada una comisión interinstitucional público-privada que está analizando el gasto público. La comisión de seguro valorará los reportes multilaterales como complementarios a los datos y estadísticas oficiales. Y, en su momento, elevará recomendaciones para ajustar el gasto.
Por de pronto, lo cierto es que, para cumplir sus objetivos de desarrollo, la tan pretendida reforma tributaria depende de la optimización del gasto, por lo que las dos cuestiones deberían plantearse en simultáneo. Todo el esfuerzo de recaudar más estaría justificado en la medida que el dinero adicional se aplique a erogaciones productivas, en lugar de corrientes.

