• Por Felipe Goroso S. – Analista
  • Twitter: @FelipeGoroso

El acto del lunes del movimiento Honor Colorado cumplió con sus objetivos. Para estos actos públicos se deben evaluar al menos tres elementos, desde la Estrategia y la Comunicación Política: la escenificación, la línea discursiva y la proyección que se pretende instalar en el imaginario colectivo.

Vayamos a la escenificación, cualquiera diría que al ser un espacio cerrado le restaría la posibilidad de transmitir el “clima” necesario para estos actos. Sin embargo, los organizadores supieron generar ese ambiente. Mucho de ello se dio debido a que el acto tuvo los componentes que hacen al folklore propio de los afiliados a la ANR y con los cuales se sienten tan identificados. La polka número 1 como telón de fondo casi permanente, intervenciones musicales en vivo, así como la elección del maestro de ceremonias: el gobernador de Central, Hugo Javier, que algo sabe de la materia. Sin olvidar el consabido pañuelo colorado.

El segundo elemento es el eje discursivo del acto. Uno de los objetivos dentro de ese elemento era darle una plataforma política a los reclamos que se venían escuchando de parte de dirigentes de todo el país a propósito de persecuciones que se estarían dando de parte del Ejecutivo en dependencias públicas. El otro objetivo era que Horacio Cartes, líder del movimiento, rompiera el silencio que prometió hacer hasta que se cumplan los famosos 100 días de este gobierno y se dirija al electorado. De todo lo que podríamos decir sobre su discurso se resaltan dos puntos: la vuelta al ruedo de Cartes es en sí misma una de las cuestiones a resaltar, Mario Abdo ya no juega solo. El otro punto, el anuncio de la presentación de candidaturas de Honor Colorado en vistas a las próximas internas partidarias. Podemos coincidir que ambos objetivos se cumplieron sobradamente.

Y el tercer elemento fue el que probablemente mejor se haya cumplido: la proyección que se pretende instalar en el imaginario colectivo. Es un hecho atípico que un movimiento interno de la ANR que no haya podido obtener la victoria en las internas presidenciales muestre tal fortaleza que le permita hacer un acto de tales características a tan sólo 100 días de un gobierno del mismo partido, con la particularidad que el movimiento que ganó prefirió gobernar con partidos de la oposición dando la espalda a su propio partido. Eso automáticamente deja un campo fértil donde se podía pastar: el espacio de la oposición. El mismo que la oposición decidió abandonar al escuchar los cantos de sirena del poder.

El músculo que mostró ayer Honor Colorado, liderado por Horacio Cartes, no es usual cuando lo que normalmente se ve es un debilitamiento gradual del movimiento que no está en el poder. Es tal esa fortaleza, y para el Ejecutivo esta es una verdad incómoda, que hicieron coincidir el reclamado anuncio de la baja de precios en algunos combustibles y gas domiciliario con el día de la convención de Honor Colorado. Nadie que esté en el mundo de la política puede creer que haya casualidad en tal anuncio gubernamental.

Finalmente, el metamensaje que queda del acto de Honor Colorado es el de la fortaleza que se transmite al mostrar equipo; si miramos enfrente, la misma se potencia al ver las vacilaciones que se transmiten desde el Gobierno. Todavía resta por ver si Honor Colorado podrá mantener esa cohesión, teniendo en cuenta que desde el Gobierno hay toda una línea estratégica no escrita de dinamitar al opositor interno, aparentemente, incluso sin medir los costos que eso puede traerle a la administración actual. Medición de fuerzas, de eso (cuando no) se trata la política, esa mala palabra que empieza con p y termina con a.

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