- Por Augusto dos Santos, analista
Medios amigos y no amigos del Gobierno coincidieron en que la gestión del Sr. Abdo Benítez terminó sus primeros cien días con debilidades. Sería injusto no poner en el balance que también tuvo fortalezas, principalmente en la voluntad de reprimir al crimen organizado.
Pero este comentario no quiere sumarse a la lotería barata de los amigos y enemigos que dan una nota más alta o más baja de acuerdo al color que para cada sector tuvieran los ojos de Mario Abdo II, sino busca detenerse en algunos condicionantes de lo que sucedió, en la enorme inmadurez que nos persigue y en la mala calidad de la política que nos damnifica.
EL ERROR OBJETIVO
El error objetivo no fue “la no gestión” en muchas áreas, o esa sensación de tecla suelta como en Educación o esa propensión al pago de facturas políticas. El error objetivo fue la ausencia de un plan que tuviera que aterrizar el 15 de agosto. No es lo mismo una plataforma electoral que un plan de gobierno. Por ejemplo, un plan de gobierno hubiera provocado que el paquete de leyes de impulso a sectores clave pudiera ser presentado al Congreso el 16 de agosto y no en el agónico último de los cien días. En concreto, faltó un conjunto de señales claras que dejara constancia de la existencia de un plan.
LAS RAZONES DEL ERROR
Se puede atribuir a dos o tres factores. Hay que ver que Abdo Benítez gana las elecciones como una respuesta crítica al gobierno “tecnócrata”, al que se atribuía con frecuencia “falta de coloradismo”. De hecho hubo un momento en que se anunció la coloradización del gabinete, lo cual fue una mentira electoral, pero no tanto porque si bien incluyó opositores en su staff, tampoco los escogió por sus talentos técnicos, sino por su incondicionalidad o la incondicionalidad de sus sectores de origen. Donde colocó una figura con actitud y conocimiento de terreno, la experiencia funcionó y terminó salvando los cien días: Arnaldo Giuzzio.
Por un lado, entonces, esa especie de desdén hacia lo técnico pudo haber sido la razón de la imagen de ausencia operativa integral que dio el Gobierno. Lo que lo técnico aporta en los gobiernos es el sentido del todo porque no solo dice cómo funcionan las cosas, sino que tiene herramientas para monitorear que ello ocurra.
VIEJO FANTASMA
El otro problema de despegue es un clásico que los gobiernos nunca aprenden: la comunicación de gobierno es un asunto político, no es un asunto periodístico. No es el arte de transmitir información, sino la capacidad de generar comunicación. Sumado a ello ese viejo fantasma de no asumir que el chip de las elecciones no sirve para gobernar. Sobre esto se escribieron decenas de libros de comunicación política. En los cien días hubo resultados que la ciudadanía no terminó de entender si era para beneficio de ella o si era en contra de alguien. El chip comunicacional siguió centrado en el anticartismo de las internas, lo que le robó todo el aire a la comunicación con un resultado evidente: la instalación de HC como jugador central en todos estos cien días, aún cuando este no apareció sino una o dos veces.
Todos los gobiernos empezaron con una especie de jubileo, con nupcias de cien días, esta mala estrategia le robó ese momento que siempre es importante para fortalecerse en el arranque.
LA INMADUREZ QUE NOS AGOBIA
Un actor principal en este momento es la inmadurez de toda la clase política. La ausencia de diálogo y la propensión al tribalismo, las cuales no hacen sino condenarnos a lo peor de lo mismo. Estamos derrochando años sencillamente porque no alcanzamos a asumir que el escenario político es diverso y con esa diversidad debemos sentarnos a la mesa a acordar diez puntos esenciales, aun cuando queden sueltos otros puntos para la controversia.
No se ha logrado aún que el Congreso se siente a conversar por más de una hora sobre algún tema que vaya más allá de sus intereses sectarios y no se ha logrado aún que el Presidente se siente a conversar con sus amigos y adversarios políticos sobre sus planes de cinco años.
LOS SANDINOS SE VAN
“El país le debe mucho, el no le debe nada a nadie”, escribió ayer el columnista de este diario Tony Carmona ante la muerte del inolvidable Sandino Gill Oporto.
Sin Sandino y sus amigos del Mopoco y otros sectores en el exilio hubiera sido imposible pensar y empezar la transición. Ellos aportaron el know how sobre cómo funcionaba la democracia para una experiencia en la que el mismísimo nuevo presidente (Rodríguez) no tenía la menor idea sobre qué era eso.
La muerte de Sandino nos recuerda un momento en nuestra historia cuando se sentaron a la mesa amigos y enemigos, verdugos y perseguidos, y lo hicieron con una calidad muy poco “paraguaya” logrando echar las bases de una Constituyente, de un pacto de convivencia, etc.
Ojalá que pronto vuelva algo de tal madurez.