“Si te preguntan cómo estás, se supone que contestes que bien. No se supone que digas que lloraste hasta quedarte dormida porque no has hablado con otro ser humano por dos días consecutivos. Bien, es lo que dices”.
En la novela debut de la escocesa Gail Honeyman nos encontramos con una heroína para nada convencional. Eleanor Oliphant no tiene filtros. Ni belleza física. Ni habilidades sociales. Ni mucho interés en adquirirlas. Es una especie de Bridget Jones introvertida y con algún trastorno de la personalidad. Tuvo una complicada infancia, marcada por un accidente fatal y una sucesión de casas de acogida donde nunca logró encajar. Una vez por semana habla por teléfono con “mami”, una mujer cruel y manipuladora.
Tiene una existencia muy simple y estructurada. Vive según un estricto calendario diseñado para evitar interacciones sociales: los fines de semana los pasa sola comiendo pizza congelada y bebiendo vodka. Trabaja como contable en una empresa donde es objeto de burlas pasivas, debido a su marcada inhabilidad para las relaciones sociales.
En un concierto, al que acude por error, se enamora del cantante de un grupo poco conocido, y esto genera un deseo de cambio. Trata de mejorar su aspecto, y empieza a perseguir al cantante, con quien inventa toda una relación imaginaria. Casi a la vez conoce a Raymond, el informático de su oficina, y se ven ayudando a un anciano que sufre un desmayo en la calle. Casi sin quererlo, entabla una relación real con dos seres humanos de carne y hueso, y esto generará los verdaderos cambios en el mundo de Eleanor.
Esta novela tiene picos de humor e ironía deliciosos, combinados con momentos sublimes de profunda compasión y ternura. Es una pequeña oda a la soledad, esa especie de dolencia del cuerpo y del alma que aqueja en nuestros días a todo aquel que no se condiga con las estrictas reglas sociales de lo que es deseable o popular, de lo homogéneo y estandarizado. Pero también una preciosa fábula sobre aquello que sucede cuando esos mismos “descastados” deciden unirse y entablar relaciones reales: el poder del afecto sobre el dolor, de la humanidad sobre lo automatizado.
Eleanor Oliphant está mucho mejor que bien, que perfectamente. Eleanor Oliphant está viva y es real, y en ello, creo, radica el atractivo y el éxito de este librito.