- Por Augusto Dos Santos
El Gobierno lleva tres meses en el poder. Su presidente, don Mario Abdo Benítez, está apasionado aún con las internas y manejado por un entorno poco talentoso que se mueve con impulsos primarios, viejo drama de los entornos del poder en el Paraguay. Algunos presidentes tienen la templanza de procesar la versión de sus entornos. Otros salen a gritar.
Le mintieron varias veces al presidente Abdo la semana pasada y él tuvo que bancarse heroicamente su falta de información.
En Europa le dijeron que solo los “medios Cartes” se burlaban de la modelo Figueredo que les acompañó en la visita al Papa. Cuando el Presidente llega al país, deja de lado el relato de su gira europea para poner en primer plano su apoyo a la modelo, pero era irremediablemente tarde. Aquí en el Paraguay todos sabían que las críticas y chanzas con relación a tal comitiva se produjeron incluso en los mismísimos medios Vierci (¡en los que él tanto confía!), en diversos medios y en diversas redes. Culpar a Cartes para proteger a Marly sonó torpe como cuando el compañerito de atrás de la escuela primaria decía: “Señorita, alguien hizo pum” en un intento por culpar a alguien.
No sabía lo del video
Diez pasos más adelante, el Presidente criticó la difusión del video de la amenaza contra Sandra Quiñónez en el marco de un sordo asunto que se instaló entre el Poder Ejecutivo y la fiscala general. Jamás le dijeron que un día antes el ministro del Interior había justificado absolutamente tal procedimiento.
Dicho sea de paso. Se supone que no se puede calificar de “mal gusto” la difusión de un video de amenaza criminal. ¿Dónde está el mal gusto? Finalmente es el pellejo de la fiscala general el que está en juego.
Por suerte apareció como un sheriff en medio de los disparos pueblerinos el embajador de los Estados Unidos para poner orden con un simple tuit en el que recordaba que la Sra. Quiñónez también es muy importante para la lucha contra el crimen.
Pero la semana no iba a despedirse sin un virulento show de otro miembro del entorno más carnal del Presidente. Hablamos del ministro Petta, quien acusó a la viceministra Ovelar de producir una tapa de Abc Color (sabía que el diario de Natalia Zuccolillo estaba descontratando periodistas, pero no sabía que ¡andaban incorporando viceministras!).
La incapacidad para dirimir un conflicto entre un ministro y una viceministra, sino a través de sendas declaraciones públicas, conferencias, etc., habla a las claras de un difícil momento de liderazgo.
Cien días
Por la segunda quincena del mes se cumplirán los cien días de gobierno. La estrategia de comunicación gubernamental tiene dos caminos: organizar algún tipo de información sobre las obras gestionadas en cien días o generar un enorme petardeo en los días en los que se cumplan tales fechas emblemáticas.
Es de esperar que todo empiece a funcionar. Que se siga apoyando la tarea del Ministerio Público en la lucha contra el crimen organizado y la corrupción dotándolo de todos los elementos y recursos para ello. Esta debería ser una prioridad presupuestaria.
Pero, por sobre todo, los cien días deben enfilar hacia algún rumbo que tuviera que ver con una idea política de unidad social en torno a paradigmas y anhelos comunes.
Se nos agrieta el país
No puede ser que observemos impasibles cómo se nos agrieta el país. No es solo un hecho televisivo las columnas de campesinos en motos y a pie gritando contra los cultivadores de soja. Es la vida real. Eso podría desembocar de un momento a otro en un enfrentamiento. Estas son coyunturas que deben ocupar la atención y la energía del Gobierno y su gabinete porque se está jugando el futuro del mapa socioproductivo nacional, la suerte de los productores y de los campesinos, las cifras de nuestra economía y los desafíos de una política social que encuentre alguna vez un equilibrio.
Deben informar al Presidente que es delicado lo que pasa en el campo. Alguien tiene que poner el ojo en este conflicto y no debe demorarse porque un estallido social puede gestarse y no será culpa de Cartes precisamente.