He criticado varias veces a mis colegas por el famoso “corralito” con el que se acorrala a los políticos, principalmente a los presidentes, ministros y autoridades legislativas, para obtener información. Apretarlos, en fin, es doble culpa porque los periodistas presionan para obtener información porque los políticos se escabullen para escamotearla; es un tira y afloja permanente, y muchas veces nuestra insistencia produce hartazgo y hasta me ha dado en algunos casos compasión de los acosados.

En la oportunidad sobre la que escribo, no hace falta decirlo, pues ya se ha repicado hasta el hartazgo, no fue culpa de los periodistas; no necesitaron ni siquiera hacer preguntas; el Presidente, faltando a toda prudencia, en estado de exaltación –no apelaré a razones o sin razones– se lanzó a una diatriba digna, nunca mejor dicho y escrito, de mejor causa y de mejor ocasión, ya que las críticas a la delegación paraguaya al Vaticano, como quedó bien registrado en las populares redes sociales, en las que se identificó a la comitiva oficial coincidentemente con el estilo “pila”, del famoso ¡jahápy! ¡Vamos pues! Que hace que un invitado a una fiesta vaya arreando en el camino a todos los conocidos que encuentra, tengan o no que ver con la ocasión celebrada, inflando la visita y acogotando al anfitrión. Simplemente, se dice voy a la fiesta de fulano… vamos pue, y eso basta para que la comitiva se vaya ampliando y el anfitrión se encuentre con más invitados de los convocados y previstos y adecuados para el evento en cuestión.

Iré más bien a la expresión paraguaya que usó el mismo Presidente refiriéndose a su lejano antagonista, su antecesor, al que le dedicó la furibunda diatriba, sin culpa de los periodistas, ya que nadie hasta el momento le había interrogado o cuestionado al mandatario.

Hago una pausa para la aclaración, ya que muchos, nacionales y extranjeros, se habrán quedado sin entender, más allá de la contundencia del exabrupto, de qué hablaba el Number One, al referirse a su antecesor, y pluralizar un poco a sus antecesores políticos, de que no “yeraron”, verbo que confunde, tal cual se lo use, a guaranihablantes y/o hispanohablantes.

Empiezo por el guaraní, de donde viene la expresión, aunque muchos no lo sepan, pero conjugada en vernáculo: me remito como referente al diccionario de guaraní de Ortiz Mayans, pese a que su grafía es antigua y anacrónica porque incluye amplia significación: Yera: desatar, desamarrar, desembriagarse, desenojarse, soltarse, suelto, desatado. Que verbalizada en español se ha convertido en yerar, casi exclusivamente en el lenguaje de “los perros”, con el significado de “desembriagarse”; es decir, de hacer pasar la curda, aunque se refiere en general a la “intoxicación o indigestión”, ya sea por ingestión de alcohol, de alimentos u otros productos difíciles de digerir.

Deduzco yo que a eso se refería Marito, ya que el lenguaje no fue muy presidencial. Es decir, que sus contendientes en las internas coloradas aún no digirieron la derrota, no yeraron, ndojerái, doble sentido para los que quieran encontrar una alusión a la frustración de sus “contreras”.

Si el Presidente y su equipo examinaran los registros audio y visuales de la intempestiva rueda de prensa, van a tener la misma impresión que la mayoría de los espectadores, con sus expresiones en medios más o menos formales o informales, de todos los grupos mediáticos, que Marito es el que estaba un tanto indigestado o pasado de alimentos líquidos o sólidos o, aunque Ortiz Mayans ni los otros diccionarios que manejo lo registran, de algo que no digirió política o intelectualmente.

Es decir, que él no jero, ndojerái, no digirió las críticas, más o menos formales, más bien “maliciosas” y jocosas respecto a la delegación que llevó al Vaticano y que terminó poniendo en aprietos de rebote al mismo presidente del Congreso, en su diálogo con los periodistas, pese a su conocida cancha para el escamoteo y su conocida buena digestión política, tal vez la que le faltó al Presidente en su monólogo con los periodistas y con la sociedad paraguaya, para los que pudieran o quisieran entender la alusión que él quiso hacer.

Puesto en su indigestión verbal, el Presidente se lanzó de paso a convocar a la gente a festejar la intervención de la Municipalidad del Este, donde afirmó que él estaría marchando al frente… otra indigestión verbal en su discurso sin “yerar”, ya que su discurso comedido y bien yerado durante su mandato ha sido el de no intervenir como presidente de la República en internas y otras grescas políticas.

Aunque no figura en el diccionario de Mayans ni en ningún otro de los que tengo a mano, existe y se ha popularizado ya un producto farmacéutico, a base de la rica farmacopea guaraní, llamado Yerón. No está demás tenerlo a mano y recordar que las más frecuentes, mayores y más graves causas de indigestión, en nuestro país no provienen ni del chupi ni del morfi, tal vez por la desmesura con que se morfa en la política, es mucho más tóxica de lo que parece. Vale la pena tenerlo en cuenta.