Llueve sobre mojado profesor”. “Correcto”, contestó. Y agregó: “Esto tiene más sentido común que conocimiento de economía. Examen aprobado. Váyase”. Anécdota estudiantil de un universitario norteamericano que unos muchos años después sería galardonado con el Premio Nobel de Economía. Respuesta corta, simple, directa y tajante. Y nada más hubo de explicar. La verdad, cuando tan verdadera es, absolutamente suficiente es. La recordé en estos días en que se habla y habla de subir los impuestos a la venta y a la producción –con el disfraz de que lo pagará el exportador– en una etapa en que nuestra economía baja la velocidad de su marcha: se desacelera, frena, estaciona, estanca e, incluso, retrocede en algunos indicadores claves. En el último trimestre 2018 (agosto-octubre), la recaudación del IVA interno cayó 49 millones de dólares (-15%) con respecto a igual periodo del año pasado. Menor venta por menor consumo por economía que camina más lentamente, sin dejar de considerar el impacto en todo esto del contrabando. ¿Y queremos subir los impuestos? “Llueve sobre mojado”. La política es el arte de administrar realidades. Traer más lluvia en una economía inundada es el arte de empeorar realidades. Y nuestro querido Presidente falla: se daña, nos daña.

A nuestro gobierno actual del señor presidente, Mario Abdo Benítez, como al anterior del señor presidente Horacio Cartes le toca remar contra la corriente económica en el inicio de su gestión y mandato. Remar con viento en contra. Mucho ojo. Por causas externas e internas, el anterior salió bien parado. El actual también lo puede lograr y por ello nuestro completo apoyo crítico pero constructivo. We shall overcome (Triunfaremos). We shall prevail (Prevaleceremos: Perdurar).

Días atrás, el Banco Central del Paraguay (BCP) revisó a la baja su estimación de crecimiento económico para este año. De un pronosticado y esperado 4,7% pasamos a un deseado 4,3%. Tuvimos un buen primer semestre. Pero otra ha sido la historia desde entonces. Y se pone de moda la palabra desaceleración. Perder velocidad. Frenar. Parar. El Banco Central también revisó, pero al alza, su estimación del crecimiento logrado efectivamente el año pasado de 4,8% a 5,2%. El 5,2% es el mayor crecimiento económico conseguido desde el 2013 (8,4% después de la caída de -0,5% en el 2012). En concreto, la desaceleración de nuestra economía es un hecho. Una realidad. Para el próximo año el propio Gobierno maneja un crecimiento estimado del 4%. Y a nivel privado se estima un crecimiento del 3%. Mucho ojo, del 5,2% al 3%. Seguimos avanzando, pero más lentamente. El velocímetro marcaba 52 y marcará 30.

Si Argentina y Brasil se recuperan más rápidamente, menos viento en contra tendremos y podemos mejorar. Pero, y aquí no le podemos culpar al resto del mundo de nuestros males e infortunios, ¡cuidado con nuestra propia casa y cómo actuamos! Si la violencia convierte al campo en un campo de batalla, la destrucción de la producción nos enfermará. Si suben los impuestos cuando la economía se debilita, es como llover sobre mojado (“Hay una lágrima en el fondo del río de los desesperados”. Joaquín Sabina). Más lluvia para más inundación. En el último trimestre del año (agosto-octubre), la recaudación total de impuestos disminuyó 7 millones de dólares (-1%) en comparación con igual periodo del 2017. Dentro de ese conjunto, la recaudación interna de la Subsecretaría de Tributación bajó 31 millones de dólares (-6%). Y el IVA recolectado cayó 49 millones de dólares (-15%). ¡El impuesto principal del país! El panorama hubiera sido peor si las aduanas no se estuvieran comportando bien: + 28 millones de dólares (+6%). Con un peso del 48%. En lo que va del año (10 meses), la recaudación total de impuestos subió 213 millones de dólares y la de las aduanas subió 185 millones de dólares. El 87% de la mejora total se debió a la mejora parcial de las aduanas. Pero los salarios de los empleados (mayoría) y funcionarios (minoría) del Gobierno se comieron el 79% de la mejora en la recaudación total de impuestos.

De estos temas claves, fundamentales y urgentes debe ocuparse nuestro Presidente. Ayer, hoy, mañana. Urgente, en tiempo full 24 por 7. Y no de modelo y maquilladora. Y regresando del Vaticano. ¡Por Dios, qué le dijo el papa Francisco! Señor Presidente, con todo respeto, usted conduce mirando atrás, el pasado, peleándose con la sombra del gobierno anterior, haciéndose de enemigos internos con un rencor peligroso que huele a odio. ¿Sangre estronista? Usted comete errores increíbles. Falla: se daña y nos daña. Cuídenos por favor. Es nuestro presidente (2018-2023). Cuídese: en sus amigos están sus enemigos. Usted me conoce muy bien. Confíe en mí. Duele decirlo, pero hay que decirlo.