Hace unos días, un canal de TV pasaba una nota en la que un médico conducía sobre la ruta y de pronto se dio cuenta de que había un problema. Con su celular comenzó a registrar lo que sucedía y siguió unos 100 metros para dar aviso en el puesto de la Patrulla Caminera. Sin dejar de filmar, se acercó a una agente y en tono amable le comunicó lo que pasaba sobre la ruta, a algunos pasos de allí. Ella le respondió que estaban enterados y que se ocuparían del asunto. El médico insistió en que ella debía notar que la situación era peligrosa y que eran civiles los que estaban dirigiendo el tránsito… mientras sus compañeros de la Patrulla comían empanadas.

Otro agente se percató de que el médico grababa la conversación y también “apuntó” su celular al galeno. Este se dio cuenta de que en vez de cumplir con su obligación, los uniformados lo estaban presionando y nuevamente, de la manera más gentil, les dijo que no hacía falta que ellos grabaran porque él alzaría esas imágenes a Facebook. Antes de retirarse del lugar, se escuchó un “ya anotamos su chapa”, a modo de amenaza.

A continuación el canal emitió una nota con el director de la Caminera, Luis Jacobs, quien comparó la situación con la de un médico que, aunque no estuviera de guardia, siempre debe estar listo para atender emergencias, como los agentes, que debían haber actuado en vez de comer empanadas.

Esta situación me recordó el cono que muchas veces queda abandonado en medio de la ruta Acceso Sur, debajo del viaducto de 4 Mojones. Para quien no lo sepa, allí frecuentemente la PMT hace controles, muchas veces ayudada por la Policía Nacional, y coloca conos en la “barrera”.

Ese lugar es estratégico para los uniformados porque ningún conductor puede escapar del control, pero es sumamente inconveniente para la fluidez del tránsito. Los vehículos que “suben” hacia Ñemby a veces son detenidos en ese lugar y la cola que se forma casi llega hasta el semáforo. Esa parada obliga a recomenzar el andar con doble esfuerzo porque el vehículo ha perdido el impulso que traía.

Del otro lado, los que aprovechan la “bajada”, en lugar de acelerar el paso, deben disminuir la velocidad produciendo lentitud y en horas pico las filas de vehículos llegan a dos o tres cuadras.

Sin echar más leña sobre los controles, que deben hacerse, este en particular es cuestionable sobre todo cuando los encargados del control acaban su tarea o hacen un receso “para comer empanadas” y dejan el cono en medio de la ruta, como si esta le perteneciera exclusivamente a la Policía.

Un cono no es demasiado pesado y después de realizar el control deberían retirarlo porque es peligroso que quede allí, sobre todo cuando hay poca luz –debajo del puente hay mucha oscuridad– porque podría ocasionar un accidente. ¿Además, por qué no colocan luces o reflectores para que los conductores se den cuenta de que los agentes están ahí? ¿Por qué hacer el operativo de una manera casi secreta? Las ridículas linternas que utilizan habitualmente los uniformados en ese lugar parecen luciérnagas en la distancia. No se ven. Cualquier persona al volante, que no sepa que allí se hace el control, podría llevarse puesto sin querer a algunos de los controladores.

Pero más. Ese acto de inconsciencia de abandonar el cono deja un mensaje a la ciudadanía que podría interpretarse como prepotencia, como el macho alfa uniformado que puede exigir todos los documentos que quiera sin dar cuenta de sus actos, olvidando que su misión principal es servir. Sí, servir a la seguridad de los ciudadanos, a la fluidez en el tránsito, a evitar que se produzcan accidentes y luego cerciorarse de si los registros y habilitaciones están o no al día.

Llegado a este punto creo que las empanadas y los conos son peligrosos porque los agentes se acostumbran a ellos y les impide ver más allá de las cosas. Siguiendo con el ejemplo del control de 4 Mojones, el conductor que atravesó con éxito ese viaducto hacia Ñemby se encuentra a unas cuadras con un semáforo. No hace mucho fue cambiado, pero los que lo programaron entorpecieron el tránsito.

La razón es sencilla: antes, cuando la luz se ponía en verde, todos los vehículos podían avanzar, pero ahora no, solo los que van a girar a la izquierda. Los que podrían seguir derecho y descomprimir el tráfico deben aguardar a que la flecha se ponga en rojo y luego de esperar nuevamente unos segundos recién pueden avanzar. ¿Por qué deben aguardar? Porque el encargado de esa intersección come empanadas y no fiscaliza su trabajo.

Otra incongruencia –esta vez viaducto hacia abajo– es que los que salen a Acceso Sur desde Cacique no puedan girar a la derecha sin semáforo, ni siquiera cuando todos paran para que los que tienen verde giren a la izquierda hacia Cacique.

Son ejemplos puntuales que con menos conos y empanadas serían más fáciles de entender.

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