• Por Guillermo Ramírez
  • Gerente de GEN

Paraguayo Cubas demuestra una fabulosa habilidad para explotar las debilidades y perversiones de los dos sectores de los cuales se sirve para agigantar su figura: el pueblo y la prensa. Por un lado se expone como un “médium” que le da cuerpo al espíritu de la indignación colectiva en contra de la llamada clase política.

Cubas logra convertir a acciones todo aquello que la ciudadanía, hastiada con justa razón de la calidad de sus representantes, comenta en círculos de amigos y en redes sociales como deseos imposibles de ejecutar al no estar ellos en el plano del poder. Payo los insulta y amenaza como ellos querrían hacerlo, les grita sus verdades en la cara, expone sus negociados y antecedentes.

En su obra inconclusa “El Castillo”, Franz Kafka narra los fallidos intentos del agrimensor llamado sencillamente K. de ingresar al castillo feudal para hablar con las autoridades. Es una oscura y surrealista alegoría a ese inmenso valle que separa al hombre del sistema, la incapacidad del ciudadano común de enfrentarse a la maquinaria.

Invitación al canal de WhatsApp de La Nación PY

Payo Cubas, a diferencia de K., es un hombre común dentro del sistema y utiliza este salvoconducto para actuar como un hombre común lo haría, estando enojado. En un Senado en donde los ladrones guardan las formas y se visten con trajes italianos, Cubas se viste, habla y reacciona como el hombre común. Payo rompe las formas y utiliza los restos de la misma para señalar la desigualdad entre representantes y representados.

No hay que ser muy versado en materias de análisis político para advertir la consistente pérdida de la calidad promedio en ambas cámaras del Congreso Nacional. El deterioro de los partidos políticos, la falta de controles en financiamiento electoral y la impunidad son nada más que algunos de los factores que conforman la pista en la cual aterrizan cada periodo personas que no reúnen las condiciones mínimas para ser legisladores.

Durante cada periodo legislativo nosotros, la prensa, pasamos una parte importante de nuestros días reportando sobre los casos de corrupción que envuelven a miembros del Congreso, tantos que al final terminamos anestesiando a la ciudadanía en un efecto similar al que hoy se tiene con los accidentes de tránsito, la pérdida de la sensibilidad por el abuso de consumo.

Desde esta realidad se sostiene una parte importante del éxito de Payo Cubas con la prensa, el otro componente en el proceso de construcción de su figura. Estuvimos tanto tiempo informando sobre los abusos al fondo de la cuestión legislativa que cuando llega uno que abusa, en su lugar, de las formas presenta la oportunidad de hablar de algo nuevo, de contar otro tipo de historias.

Payo utiliza los micrófonos y las cámaras como ningún otro, sabe montar un show y dotarlo de la cantidad necesaria de actos para poder mostrar su colorido rango actoral. En una jornada promedio se muestra indignado, iracundo, bárbaro y reflexivo, y en cada uno de estos papeles busca lo mismo, mostrar que antes que un legislador es, en palabras del gran Cazuza, solo un hombre más. Payo ocupa tapas, bloques enteros de tevé, ocupa cápsulas digitales, es trending topic y se escriben columnas de opinión sobre él, como esta. Nos rendimos a sus pies y le damos el espacio que quiere a cambio de lo que nosotros necesitamos, rating.

Paraguayo Cubas no llegó a la política paraguaya para reformarla ni para elevar la calidad de nuestra democracia, vino a prenderle fuego al velo de secretismo pactado entre los monstruos que nos legislan y lo hace sencillamente porque este es un paso necesario para su proyecto político personal. Payo, más allá de sus aciertos como la multa a los raboneros, no vino a dotar al Senado de un elevado nivel de discurso ni para iluminar a sus compañeros con pensamiento de vanguardia política.

Payo vino a destapar la cloaca, señalar sus entrañas y sumergirse en ella para salir del otro lado como un superhombre listo para su próxima tarea, ser el Presidente de la República, es allí en donde veremos la verdadera naturaleza de Cubas, que ya se ha deslizado varias veces mostrando actitudes autoritarias, de esas que tanto gustan al país que idolatra a Francia y López.

El senador Paraguayo Cubas es un monstruo, pero es el monstruo que nos gusta, por eso lo celebramos cada vez que gruñe y muestra los dientes. Hasta que nos muerda.

Déjanos tus comentarios en Voiz