• Por Jaime Egüez    
  • Director del Club de Ejecutivos del Paraguay

¿Alguno de ustedes se imagina que pueden gastar dinero que no existe en sus bolsillos? Aun ni en el caso de que se puedan endeudar, uno no puede gastar nada más de lo que puede conseguir. Ahora agreguemos un ingrediente más en la receta… no es ni el dinero de ustedes… ustedes están de algún modo con una tarjeta de crédito de un vecino y han decidido ser solidarios, generosos, derrochadores… “con el dinero del vecino”. En fin, si esto ocurriese en la realidad tendríamos a un potencial irresponsable que tarde o temprano cosechará las consecuencias. Pero, esperen no acabó esta historia… son un colegiado los que deciden gastar el dinero del vecino… y quieren hacer sus gestiones y que otros se hagan responsables de las consecuencias.

Este sería el escenario que uno pensaría que estaría en la ficción, porque esto no tiene sentido que ocurra en la realidad. Si esto ocurriera, el tal colegiado sería objeto de tanta rigurosidad que sus nombres serían escrachados por una sociedad responsable con su futuro y su supervivencia. Después de todo lo que ha pasado, la más importante lección que hemos aprendido es que “no se puede distribuir lo que no existe o no ha sido generado”. Esta regla tan simple que muchos de los seguidores de las corrientes populistas o demagogas, cada vez tienen que ser más creativos para sustentar la gran mentira que podemos ser solidarios y construir equidad a partir de lo que no existe para ser usado.

La estructura productiva de un país es una cadena de esfuerzos constantes y sostenidos por un grupo de personas que tienen como objetivo principal existir para poder luego aportar al crecimiento de un país. Las estructuras de todo tipo que colaboran en la economía formal aportan salarios, inversiones, gastos en servicios y bienes, y sobre todo aportan en impuestos que permiten que un país se desarrolle. Además, que los planes que buscan una mejor educación, una mejor salud, una mejor infraestructura para los más necesitados sean atendidos.

Esta ecuación es por definición una posición cuantificable de iguales proporciones. Y por lo tanto es de contenido igual en ambas partes. Lo que se produce para gastar, debe ser igual a lo gastado. La primera regla que hemos construido para sobrevivir todos estos años en nuestra economía es sostener el déficit fiscal debajo de un porcentual máximo. No podemos gastar lo que no tenemos. El Ministerio de Hacienda se ha visto presionado en los últimos años por las demandas de aumento de gastos, en especial los del tipo rígido como salarios de los funcionarios públicos.

Es cierto que existen áreas de crecimiento de recursos humanos que demandan un aumento de los gastos, pero ante la Ley de la Responsabilidad Fiscal, si esto es así, se debe achicar el Estado en otras áreas y bajar gastos en salarios para poder equilibrar lo que se demanda en estructuras rígidas.

Y aquí quiero poner en contexto el mayor elemento que tiene nombre y apellido para todos los paraguayos y que impide que podamos mejorar los gastos en educación, en salud, en infraestructura. El factor es la Ley del Funcionario Publico actual. Esta ley impide una racionalización del área de salarios de los funcionarios públicos que es el área de mayor gasto rígido, repetitivo año tras año.

Esta parte de la ecuación, así como está, solo puede crecer, ya que no se puede achicar por limitaciones de la propia ley. Mientras no se tenga una reforma en dicha ley esta estructura que nos ata cada año a continuar manteniendo a personas que están nombradas pero en posiciones que no aportan trabajo real. Después de todo analicemos las posiciones de choferes, secretarios, asistentes, y así podemos encontrar listas enormes en el Congreso, en el Poder Judicial y en el Poder Ejecutivo que suman gastos que no deberían estar.

No podemos generar dinero con tanta facilidad. Los que trabajan saben lo que cuesta producir en economía cada guaraní. En el sector productivo cada ciudadano ya aporta todos los días los impuestos para los gastos del Estado. Pero si subimos los impuestos simplemente como receta, lo que haremos es aumentar con un chaleco de arena en nuestros hombros el caminar de cada ciudadano.

Entendamos que lo correcto es no gastar lo que no tenemos. La función del Congreso es hacer lo correcto para todos los paraguayos… no para satisfacer los intereses de un grupo minoritario.

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