Pensar en mi vecina la “Politóloga” es imaginar el flamear furioso de una bandera en un día de tormenta. Su mente vuela y cambia de sentido como los vientos de un huracán, por eso –en lo posible– es mejor evitarla. Pero ayer Murphy hizo que me tropezara con ella y todo se oscureció.
Su sonrisa siempre es preludio de una verborragia acerca de la realidad del país, de ahí su mote de politóloga, porque no hay tema que ella desconozca. Hay que reconocer, sabe de todo, por eso es complicado entablar una conversación con ella, porque siempre tiene argumentos que solidifican su dialéctica.
No es la primera vez que me dice que yo, como periodista, debo decirles a las autoridades lo mal que hacen su trabajo (como si yo tuviera trato con ellas), lo corruptos que son (como si ellos no lo supieran muy bien) y las soluciones a todos los problemas (como si tuviera una varita mágica).
Me descargó su primera queja: ¿quién se creía que era el ministro Mazzoleni para echarle al pobre superintendente de Salud por prohibir que se le atienda a la gente en el pasillo del IPS? “Jorge Rodas fue el único que le vio a los pacientes como gente, ¿nocieto?”. (Aclaración: “Nocieto” es un modismo regional que se le pegó a la mujer en una de sus incursiones a territorio argentino, lo que traducido sería “¿no es cierto?”).
Después de despotricar contra esa “injusta” y “desalmada” acción del titular de la cartera de Salud, la vecina se tiró contra la mismísima OPS/OMS, que “aplaudió” la obligatoriedad de venta de antibióticos bajo receta.
Traté de hacerle ver que esa era una medida acertada... pero solo traté porque con un teorema me demostró que yo no entendía nada, que eso de la resistencia de los antibióticos era pura propaganda.
“No te das cuenta de que es un negociado, ¿nocieto? Desde el 1 de noviembre no se puede comprar antibióticos sin receta. ¿Quién gana y quién pierde? El que pierde somos nosotros que tenemos que ir a consultar para que nos den una receta. ¿Y dónde te vas a ir a consultar si IPS y todos los servicios públicos están rebasados? Si tenés problemas de diente, ¿vas a esperar 20 días para que un médico te atienda y te dé una receta? No. Entonces te vas a un médico particular y te cobra G. 150.000 por la consulta para comprar el antibiótico que ibas nomás luego a comprar. Los médicos salen ganando, ¿nocieto?”.
Su análisis de la política no se limitó a los problemas del ámbito de la salud, sino que –como toda experta– aprovechó el encuentro para darme un panorama actualizado de lo mal que estaba el país. Y todo, según ella, por culpa de Marito.
“Para comenzar –dijo– trasladó la Embajada de Paraguay, lo que molestó a Israel, un país amigo con el que nunca tuvimos problemas. ¿Y para qué? Por atolondrado, ¿nocieto?”. Atendéquena don, mirá que los árabes son jodidos. ¿Viste anga lo que le hicieron a ese pobre periodista turco? En siete minutos le descuartizaron vivo en el consulado de Arabia Saudita en Estambul. Y eso que era del Washington Post”, me advirtió haciéndome notar que Jamal Khashoggi y yo teníamos cierta semejanza... en la panza, “¿nocieto?”.
Así, del área de salud saltamos a la alta política internacional y luego a las cuestiones financieras, ya que, según ella, el desastre económico del país era más que evidente.
“Sube el pasaje, sube el combustible, sube el dólar, sube todo. Ahora van a comenzar a remarcar todos los precios, el pan, la carne, la leche. Lo único que no sube es el sueldo, ¿nocieto?”, opinó.
A continuación hizo un balance policial: “Un desastre este Marito. Lo único que funcionaba bien, los Lince, ahora desaparecieron. Es lo que la gente siente. Volvieron los motochorros, los asesinatos se quintuplicaron. ¿Viste piko esa pobre gente en la Casona del Horror? ¿Y en Pedro Juan? Diez muertos en menos de una semana, incluyendo cuatro mujeres y el piloto de Rafaat”.
Dejando de lado toda su molesta perorata, era justo admirar a la “Politóloga” por su notable abanico de conocimientos que, según comentó, se debía a que se mantenía informada las 24 horas gracias a los grupos de Whatsapp. O sea, era una chismosa profesional. De alto vuelo. Con escoba, como esas que tienen sombrero negro con punta.
Aprovechando su mención del Whatsapp, le indiqué que se me hacía tarde y que debía retirarme. Ella entrecerró los ojos como oliendo la mentira y me amenazó con que mañana (o sea hoy) me llevaría de regalo sopa calentita para seguir charlando, porque los temas de los que yo (¿?) le había hablado “eran muy interesantes”.
Antes de despedirse me pidió que le recordase mencionarle (yo a ella) sobre el tema del clima, que según dijo, había cambiado “extrañamente” desde que asumió Marito, ya que no pasaba una semana sin que se desatara alguna tormenta con raudales, principalmente en Asunción. Y que, claro, si todavía no teníamos epidemia de dengue era solo porque los sindicatos de mosquitos no se ponían de acuerdo todavía.