- Por Augusto dos Santos, analista
Después de todo lo sucedido en esta semana, atinente a los problemas de Gobierno (que se puede leer casi exclusivamente en los medios del Grupo Nación) es importante valorar que como sociedad perdemos todos cuando una gestión es deficitaria. Hoy se cumplen dos meses de tarea Presidencial y resulta demasiado fácil percibir lo que sucede. Tratemos de enumerarlo:
0. Alguien le vendió al Sr. Abdo que todo lo que tenía que hacer para lograr gran popularidad era perjudicarlo a HC. Ese alguien (y ojalá que no él) solo estaba movido por las vísceras y no por el planeamiento estratégico.
Si el Sr. Presidente hubiera tenido algún asesoramiento estratégico hubiera averiguado que en la política no sucede como en la economía. En la economía las políticas de shock, aún difíciles, a veces arrojan buenos resultados. El política tratar de matar a la competencia suele ser un mal negocio. Si no me creen pregunten qué pasó con Oviedo después del 99 o con Lugo después del 2012. Nuestras sociedades tienden a desarrollar un refugio victimizante alrededor de alguien que es perseguido por el poder.
0. Le frustraron la boda. Tal asesoría (que probablemente no era de expertos sino de fanáticos) le generó un segundo problema al Señor Presidente: le frustraron las nupcias. Esos lindos cien días de los presidentes que puestos en manos expertas sirven para algo que va mucho más allá del simple choluleo Presidencial. Cien días bien aprovechados para construir una base de alta popularidad para el Presidente es casi parangonable a la tarea de las hormigas que recaudan alimentos para las épocas de carestía. Los cien días deben ser los menos problemáticos para un Presidente y eso lo sabe hasta mi perro Uggie, por citar a alguien que no tiene ningún interés en la política. Los cien días deben ser nupciales, para que el Presidente pueda acumular carisma y popularidad de cara a los tiempos menos concesivos que se vienen.
0. Avanzar sobre líneas técnicas. El Gobierno debe avanzar sobre líneas técnicas que den razones para pensar que -aparte de la guerra política- hay planes de gestión. El caso Julian Vega debe ser una ostensible luz roja para evitar en lo sucesivo que cualquiera arribe a ámbitos de decisión sin tener la mínima preparación o escrúpulos para la tarea.
Un Presidente joven que juega a viejo
Mario Abdo Benitez es un Presidente joven que juega a viejo. A su edad sería muy fácil construir un mito de gobierno enfocado en el futuro con alguna buena idea y medio metro de alambre. “La venta” sobre que el Presidente “no se mete” no lo cree nadie porque es imposible de creer y porque va a contramano de los liderazgos jóvenes y nuevos que si se meten, pero buscan las aguas cálidas de la buena cosecha.
Los seis felices
En el 2013 escribí mi anteúltimo libro sobre comunicación política y en tal volumen advertimos a los Presidentes sobre lo jodidos que son los entornos (lo que allí llamo “los seis felices” porque solo se ocupan de aplaudirlo todo). El señor Abdo Benítez y ningún Presidente puede escapar de la influencia de los “seis felices” (porque el entorno es un ámbito de contención imprescindible) pero puede manejarlos, puede tenerlos a raya. Con el tiempo verá los resultados.