• Por Eduardo “Pipó” Dios

De manera llamativa, el recientemente famoso “Cucho”, presidente del fan club local de Pablo Escobar, concedió, con posterior autorización en tiempo récord de las autoridades, léase director del penal, de institutos penales y el propio ministro de Justicia, una entrevista exclusiva a un medio de comunicación. Casualmente, al medio más afín al gobierno y a un programa que se esmera en ser férreo defensor de la administración Marito.

La entrevista, según pudimos ver, nos muestra a un “Cucho” afable, seguro, desafiante. Moviéndose como pez en el agua, el entrevistado va respondiendo preguntas sin importancia, como el motivo por el que cuenta con retratos y demás memorabilia del célebre Pablo Emilio Escobar Gaviria, como si ser fan del patrón del mal fuera un delito o un agravante de su caso. Si le compró un Audi a su chica’i, otro hecho más farandulesco, con escaso valor para una entrevista que se vendió como profunda y seria.

“Cucho” dice poco y nada, no da pistas, tira indirectas y se define casi como una mezcla de Santa Teresa y San Cayetano. Era de esperarse, obvio.

Ahora, ¿cuál es el apuro de entrevistar a “Cucho” por parte de los medios oficialistas y del propio gobierno? Porque acá, según los colegas acostumbrados a esperar semanas y hasta meses para entrevistar reos, hubo una llamativa celeridad del Gobierno para que todo sea rapidísimo. Más que la exclusiva, a un procesado del que aún no sabemos mucho respecto a las acusaciones en su contra, la carpeta final, pruebas, etc., no hay mucho que sacarle más que escuchar su discurso sobre su inocencia y lo bueno y laburante que es él y, ni qué decir, el pobre diputado Quintana.

Se habla de grabaciones, esta vez con orden judicial y con valor procesal, cruzamiento de llamadas, seguimiento y demás. O sea, darle cámara y micrófono a “Cucho” solo sirve ¿para qué?

Para el blanqueo. Para que aparte de contarnos lo bueno que es, “Cucho” diga que no conoce a Marito (por más que se saque fotos abrazado en el quincho de la casa del Presidente o que haya estado en actos políticos cerquita de las hoy altas autoridades nacionales o en una ubicación vip en el juramento presidencial), que Ulises y demás dirigentes y autoridades altoparanaenses afines a Colorado Añetete son blancas palomitas que jamás han recibido un sobre de su parte, lo que, basándonos en su declaración de absoluta inocencia, no sería ni malo ni mucho menos raro, tratándose además de un hermano del jefe de campaña de Ulises Quintana.

La entrevista fue un fiasco, no sirvió más que para una tonelada de memes que llenaron las redes, burlándose de los dichos de “Cucho” (“hasta ahí nomas te puedo decir...” o sea, nada), de la falta absoluta de incisividad e incapacidad del entrevistador de sacarle nada útil y de dejar un manto de dudas sobre el objetivo real del medio y el equipo periodístico que no disimula en lo más mínimo su afinidad, para ser elegantes con el término, con el gobierno.

La situación nos retrotrae al intento, el año pasado, del mismo grupo de medios de darle espacios, llamativamente excesivos y constantes al capo narco Jarvis Pavão, hoy extraditado y preso en Brasil, para que este descargara una serie de denuncias sin pruebas e infundios sobre el gobierno anterior a fin de favorecer, ¡oh casualidad!, al en ese momento candidato Abdo Benitez.

El empavãonamiento de Cucho va por el mismo camino. Hay gente que no aprende. Hay gente cuyos objetivos personales y mezquinos no reparan en darle prensa a capos narcos y todo tipo de delincuentes sin pensar la barbaridad que cometen. Hasta ahí nomas te digo...

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