• Por Eduardo “Pipó” Dios

Pasaron 30 de los famosos “primeros 100 días”...

Uno se esperaba una onda tranqui... Chill... Relax... Nombramientos y anuncios rimbombantes allá, alguna polémica por acá, una que otra denuncia mediática más hacia el fondo...

Lo clásico... Ya sabe...

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Ni el más pesimista iba a pensar que, en 20 y poquitos días, el gobierno de Mario Abdo estaría inmerso en una crisis y buscando culpables de sus desgracias... Y menos aun hablando de “conspiraciones oscuras para derrocar al gobierno”.

¿Pero a qué se debe esta psicosis prematura, muy prematura?

¿Cartes –con 6 senadores y puñado de diputados, con la mayoría de los medios aún furiosos atacándolo por todo lo que hizo, no hizo, pensó hacer o lo que la florida imaginación de algunos colegas puede crear– puede desestabilizar a un presidente recientemente electo sin más dudas que las de algunos delirantes? Un cartismo traicionado, de cuya debacle se jactan en privado los del gobierno y sus amigos?

No... La culpabilidad de su prematura desgracias la tiene el propio Gobierno. Con sus dudas, la falta de liderazgo claro, de un presidente que prefiere no molestar a su heterogénea alianza multicolor, para la que juega y habla. Una alianza cuya principal obsesión y tarea pareciera pasar por culpar y cobrarle a Cartes todos los desaires reales o imaginarios, cuando debería estar ocupándose en gobernar.

Pero las diferentes facciones se preocuparon más estos primeros días de pulsearse por los cargos. Cual piñata están, todos ocupadísimos peleando entre ellos para ocupar los espacios que adquirieron a cambio de lealtades, traiciones, aportes de todo tipo y de todo origen. De más está decir que nadie hizo nada gratis y todos reclaman su parte. Mientras el pobre Marito está ocupado negociando para cumplir con todos los “amigos”, los enemigos de afuera se divierten señalándole los papelones. Pero esto no es conspirar... Conspirar es lo que hacen sus aliados, actuando sectariamente sin importarles el costo para el propio Gobierno.

Mario Abdo salvó para él, afortunadamente, el equipo económico y colocó algunos leales a controlar a los caciques, tratando de evitar el descontrol que se anuncia con solo ver los antecedentes de algunos de ellos. Esto no alcanza, los escándalos empezaron con “Cucho” y Ulises y probablemente esta sea la punta de uno de los ovillos. Tener en su bolsillo algún holding de medios no le garantizará piedad, quizá le permitirá ganar tiempo, pero el tiempo no sirve de nada sin un cambio, al menos, de actitud.

Veremos, aún es temprano, pero la cosa no tiene buen aspecto.

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