Ayer se cumplió un mes de la llegada del gobierno de Mario Abdo Benítez al poder. Pasaron 30 días de puras improvisaciones observadas sobre todo en las designaciones de quienes forman parte de su equipo, que por cierto, hasta ahora sigue incompleto de manera inexplicable.

Es difícil creer que hasta la fecha no haya designado aún a la persona que estará al frente de, nada más y nada menos, el control de todas las licitaciones públicas, es decir, de todas las compras que realiza el Estado, como es el futuro director nacional de Contrataciones Públicas. Esta incertidumbre en la institución genera todo tipo de aventuras de quienes están allí, típico en instituciones públicas, porque no saben hasta cuándo seguirán en esos cargos de confianza.

Lo mismo ocurre en la Secretaría Técnica de Planificación, con el valor agregado de que en esta institución debería estar la columna vertebral, la hoja de ruta de las políticas de Estado que un nuevo gobierno proyecta encarar. Esta indefinición supone, como mínimo, que no se tiene la más pálida idea de lo que se quiere hacer a futuro o lo que es peor, ni siquiera conocen el rol que la misma desempeña.

Pero, además de todo esto, que denota una tremenda improvisación, en estos 30 días, aparecieron una especie de ministros pirotécnicos. Eduardo Petta, titular de la cartera de Educación, sin una profunda investigación aún, asegurada por el mismo, lanzó de manera irresponsable la existencia de 1.200 supuestos planilleros, sin arrimar mayores detalles, lo que le generó la reacción de los mismos funcionarios y finalmente tuvo que desdecirse al señalar que no eran tales, pero que seguían revisando la nómina.

Esa imagen del ministro “policía” que transmitió al presentarse como controlador del reloj marcador del horario de entrada de los funcionarios, sumado al “blef” del pacto con su amigo el sindicalista Silvio Piris, para destrabar una supuesta huelga, han aportado poco o nada para la concreción de ese anuncio inicial de que la “educación sería una causa nacional”.

Algo similar ocurrió con el ministro de Salud, Julio Mazzoleni, de buena imagen en el sector privado, pero nula experiencia en salud pública. Ni siquiera sabía dónde estaban los supuestos medicamentos vencidos que detectó y evidenció su desconocimiento del manejo técnico del presupuesto de la cartera a su cargo. El doctor Aníbal Filártiga graficó lo que pasa con Mazzoleni: “La salud pública no es una rodilla dolorosa”, aduciendo la condición de reumatólogo del ministro de Salud.

Pero más allá de este hecho en Salud, que con el tiempo Mazzoleni puede entender cómo funciona la cosa, lo grave sería que esté siendo manipulado por unos asesores que tendrían a la vista la compra de un costoso software para el supuesto control de los medicamentos, detrás del cual habría un tremendo negociado con una empresa “amiga”.

En estos 30 días de Marito, también saltó un preocupante caso y que pondría en jaque la libertad de expresión. Las dudas en el pedido, por parte de Conatel, del cese de transmisión de una radio en María Auxiliadora, Itapúa. Las razones del cierre generan cuestiones pocos claras y lo que sobresale es un abierto pase de factura orquestado por el senador de Añetete, Juan Afara, ex vicepresidente de la República, a su rival político de la zona, Víctor Casas, hermano del propietario de la radio Crisol FM, quien le ganó la intendencia al equipo de Afara, además de quedarse con la radio que la esposa del ex gobernador de Itapúa quería para ella. Casualmente, en esta misma ciudad, la semana pasada, Marito lanzó sus críticas a la labor de “cierta prensa que solo busca perjudicarlo”.

Y como corolario de estos primeros 30 días, saltaron los vínculos del sector político del presidente de la República, con el supuesto caponarco Reinaldo “Cucho” Cabaña. El diputado de Añetete, Ulises Quintana, de quien Marito dijo estar orgulloso, fue desaforado para someterse a la justicia, pero hasta ahora sigue prófugo. Los mismos abogados de “Cucho” confirmaron que su cliente aportó a la campaña política del movimiento Colorado Añetete, con lo que se confirmaría la financiación de una campaña política con recursos vinculados al narcotráfico. Quintana negó haber llevado a “Cucho” a la casa de Marito y ahora, surge que habría sido el mismísimo vicepresidente de la República, Hugo Velázquez, el que habría acercado al caponarco durante la campaña a la residencia del hoy jefe de Estado.

En apenas 30 días, saltaron más escándalos negativos que hechos auspiciosos en el arranque de este gobierno. ¿Seguiremos por los próximos 5 años? Puedo estar equivocado, pero es lo que pienso.