Se viene alentando que los jóvenes varones acudan a las Fuerzas Armadas para prestar su servicio militar obligatorio (SMO). Cada año, en verano, el Comando de las Fuerzas Militares apela a todos los recursos mediáticos para que se cumpla una ley que data de 1975, la Ley N° 569/75. Esta normativa estable que los varones, desde los 18 años hasta los 50, deben cumplir con un servicio en las Fuerzas Armadas de no más de 12 meses.

Cada vez menos jóvenes se alistan a la milicia, lo que es motivo de debate interno y preocupación permanente en los altos mandos militares desde hace décadas. Existen razones. En 1992: la Constitución Nacional estableció el derecho fundamental de la “objeción de conciencia”, que está reglamentada por la Ley N° 4.013. Así, un objetor queda exento de esa obligatoriedad, aunque debería justificarlo por motivos éticos o religiosos. El trámite se realiza en la Dirección de la Objeción de Conciencia de la Defensoría del Pueblo (Ygatimí entre Montevideo y O’Leary), organismo que otorga un carnet. En teoría, cada objetor debería cumplir un servicio alternativo a la comunidad, pero por una cuestión presupuestaria los objetores no hacen el servicio civil o servicio comunitario. Por lo tanto, el documento expedido es suficiente y totalmente válido.

La obligatoriedad del servicio militare en el país tiene sus adeptos y detractores. Entre los primeros se encuentran generalmente aquellos que han ido al Centro de Instrucción Militar de Estudiantes para la Formación de Oficiales de Reserva o Cimefor. Entre los detractores se encuentran cientos de miles de jóvenes egresados de la secundaria –y hace algunos años de la media– de las promociones posteriores al primer quinquenio de la década del 90, quienes debido a la apertura de los medios de comunicación en la transición recibieron mucha información sobre el trato no adecuado o incorrecto que daban a miles de soldados en los cuarteles en el pasado. Era práctica común la “orden” que un recluta o novato preste servicio doméstico en las casas de los jefes militares. Otros abusos cometidos contra humildes “soldaditos” –casi niños– en sus derechos fundamentales, durante décadas, permearon en la sociedad civil, por lo que entre las familias paraguayas existe todavía mucho temor de autorizar a sus hijos a acudir a los cuarteles.

En mi época de estudiante se podía cumplir el servicio militar de tres maneras: como “cimeforista” (estudiantes del 4°, 5° y 6° curso, quienes se internaban un mes cada verano a veces con salidas los fines de semana), como soldado (jóvenes no estudiantes que eran internados 9 meses en los cuarteles) y como estudiante secundario y al mismo tiempo prestador del servicio militar (en el último año de la carrera todos los sábados desde las 6:00 hasta el mediodía). Esta modalidad del Colegio Técnico Nacional, que se hacía con la ayuda y asistencia permanente de un profesional docente de las FFAA, del Ejército en nuestro caso, nos permitió estudiar la carrera técnica (de doble carga horaria) y recibir una interesante instrucción militar, que incluyó también visitas a cuarteles para otros tipos de entrenamientos, como prácticas de tiros y técnicas de defensa.

Desde esa experiencia, creo que sería muy interesante que los jóvenes, tanto varones como mujeres, bajo ciertas reglas y excepciones bien reglamentadas, puedan recibir una instrucción teórica y práctica sobre estrategias de defensa nacional, pero en el marco de una malla curricular del nivel medio consensuada por todos los sectores involucrados. De esta forma, sin traumas y de manera casi automática, sin darse cuenta, nuestros estudiantes darán por cumplido el servicio militar y los organismos de defensa habrán cumplido también con su cometido.

Estamos en la era del conocimiento y necesitamos formar de la mejor manera posible a nuestros estudiantes. Quizá ya no es prudente ni conveniente seguir insistiendo con la obligatoriedad de un servicio militar puro y llano, donde los jóvenes creen que van a ir a perder el tiempo y acuden solamente para aprender disciplina, despertarse temprano, recibir o dar órdenes y hacer ejercicios. Sospecho que están esperando otra cosa. Quieren saber más. Esperan más. En resumen, necesitan educación, formación, conocimiento, capacitación para el futuro.

La Constitución es insalvable, por lo que la FFAA va a tropezar cada vez más con la “objeción de conciencia” para reclutar jóvenes. En virtud de la existencia de este derecho humano, quizá el Congreso Nacional debería pensar ya en una reforma de la legislación respectiva. Es posible que el término SMO entre estudiantes espante, asuste, y no sea ya lo más adecuado. Es una opción interesante también un servicio civil nacional o similar, en el que estén involucradas ya las fuerzas públicas (FFAA y la Policía Nacional). Las Fuerzas Militares y la Policía –con sus instructores– pueden tener un rol importante y ser partícipes de esta modernización y transformación que tanto necesitamos. Además, creo que es impostergable una discusión sobre la profesionalización de la milicia para que sus efectivos cumplan eficientemente su rol de defensa de la soberanía nacional.

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