Cuando el 22 de abril de este año Mario Abdo Benítez conseguía su victoria, pocos podían augurar que la suya iba a ser una administración tan convulsionada desde sus primeros días. Uno se pregunta si es que el partido que lo llevó al poder siguiese unido se hubiese llegado a estos niveles de convulsión. Si me lo preguntan, creo que la falta de unidad y diálogo en la ANR es un elemento que contribuye, el otro es la decisión estratégica que se asumió de gestionar el poder con nombres por fuera de la ANR, otros incluso con antecedentes de persecución a colorados. Hay más factores sobre los cuales podría explayarme para graficar tanta convulsión, mencionaré estas dos porque hacen al tema de esta columna.

Ayer se cumplieron 131 años de la fundación del Partido Colorado, un aniversario más que lo encuentra partido al medio entre dos movimientos grandes. Obviamente que no es la primera vez que vemos este fenómeno, se ha vuelto casi usual ver a una ANR unida en tiempos electorales y dividida a la hora de gobernar. Y esto me dio pie para escribir esta columna.

Que los partidos políticos necesitan una urgente revisión integral es una aburrida obviedad, igual quiero mencionarla una vez más porque no se pierden las esperanzas de que se tome nota del asunto. Y deben tomar nota no por una cuestión de caer más simpáticos, deben hacerlo por dos principales motivos: sobrevivir y evolucionar.

En el caso del Partido Colorado se evidencia más esa necesidad por ser la agrupación política más grande y con mejor organización a nivel país. Esas son sus fortalezas y se mantienen inalterables (por ahora). Ahora bien, los colorados necesitan con urgencia un proceso de reconversión y de reposicionamiento que les permitan mirar al futuro, dirigirse a los jóvenes y a segmentos del electorado por fuera de su enorme aparato. Cuando hablo de dirigirse a los jóvenes hablo de comunicarse con ellos; pero hacerlo con un eje discursivo que los jóvenes manejen, entiendan y con los cuales sientan empatía. Con los jóvenes sucede que se habla mucho de ellos en campaña, se los menciona en los discursos, pero no se pasa de eso. De la palabra. Y no alcanza. No se debe volver a caer en errores ya cometidos e intentar que sean los jóvenes quienes decodifiquen el código comunicacional de la ANR. Ya se probó y no funciona, y se han dado grandes derrotas electorales que lo demuestran.

El otro segmento electoral al que la ANR debería apuntar es a aquellos sectores de la población que ya han dado suficientes muestras de estar politizados, informados y activados, pero al no verse representados y sentir que no hay partidos donde puedan activar se van agrupando en nuevas organizaciones que van surgiendo y logrando ciertos resultados electorales que deberían ser la llamada de atención suficiente para repensar el funcionamiento de la ANR.

El Paraguay necesita de una ANR que repiense y vuelva a ser cargada de contenido en su discurso. Mirando al futuro, sin olvidar su pasado. Un Partido Colorado moderno y evolucionado, repensado para los tiempos que vivimos. Una ANR 2.0. El Paraguay necesita de partidos políticos fuertes y modernos que no olviden sus tradiciones, porque de eso se trata la política, esa mala palabra que empieza con p y termina con a.