Por Dany Fleitas
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Las acciones legales de las últimas horas promovidas contra Fernando Armindo Lugo Méndez tanto por parte de los asesores legales de Nicanor Duarte Frutos como de Horacio Manuel Cartes Jara, quienes argumentan que aquél se tomó atribuciones que no le correspondían en la convocatoria de dos legisladores electos, son un reflejo de la delicada situación que se presenta actualmente en el Congreso Nacional debido al juramento de Mitra Gusinky y de Rodolfo Friedmann en reemplazo de aquellos.
Aunque se habla de que la semana próxima estaría jurando Duarte Frutos como senador activo, esta cuestión tendrá un segundo acto luego del 15 de agosto próximo, cuando el presidente saliente se presente al Senado a reclamar la banca que obtuvo por mayoría de votos en las elecciones del 22 de abril últimas, con lo que se iniciará nuevamente una discusión política y batalla jurídica sin precedentes en la etapa democrática.
Más allá de las posturas que puedan tener los más entendidos profesionales del ámbito jurídico del país sobre la interpretación de la Constitución con relación a si los ex presidentes Duarte Frutos y Cartes podrían renunciar a la senaduría vitalicia para pasar a ocupar sus bancas en el Senado como activos, esta situación en realidad ha trascendido y ya migró hacia otras esferas jurisdiccionales para pasar a ser estrictamente político. Por tanto, los problemas políticos requieren soluciones políticas. De no entenderse de esta manera y si los líderes políticos no dimensionan sus consecuencias para el proceso democrático, este intríngulis político-electoral-jurídico podría tener un impacto negativo en todos los órdenes.
Nos guste o no, existen sendos fallos de la Corte Suprema de Justicia y del Tribunal Superior de Justicia Electoral que habilitaron y permitieron que corran las candidaturas al Senado de Nicanor Duarte Frutos y de Horacio Cartes. Los legisladores sabían que era ineludible el advenimiento de acciones para el cumplimiento de los derechos políticos adquiridos de éstos, más aún cuando se ven fortalecidos por la legitimación popular. Si el Congreso no cumple fallos de la CSJ, entonces en algún momento también este poder del Estado puede autoproclamarse con atribuciones especiales rechazando las leyes aprobadas en el ámbito legislativo. En esta situación, y en un ambiente así, la anarquía está a la vuelta de la esquina.
Creo que Lugo estuvo en lo correcto cuando realizó primeramente una convocatoria general de senadores electos, pero se equivocó después al borrar con el codo lo que había firmando antes al sacar resoluciones para que se presenten el 30 de junio último a jurar quienes hoy son motivo de discordia. Es evidente que fue presionado por su entorno, empeorando así la crisis. De haber primado su primera decisión, se hubieran presentado 44 senadores electos (Nicanor incluido) a jurar sin problemas, aunque no lo iba a hacer Cartes, como de hecho no ocurrió, porque se encuentra con una incompatibilidad debido a que está en el ejercicio de la Presidencia de la República. De esa manera, el caso del presidente saliente quedaría en stand by hasta tanto culmine su mandato presidencial, aunque ya hubiera sido un desafío para el nuevo Senado.
En este último escenario, creo que Lugo iba a pasar un tanto desapercibido, ya que hubiera pateado para adelante el impasse y transferido al problema a la próxima mesa directiva de la Cámara Alta, con más razón cuando le quedaba apenas horas –si no minutos– para seguir como presidente del Senado. Pero no fue así, pesó más por lo visto el odio y espíritu revanchista –de él y su entorno (no solo del Frente Guasu)– hacia un partido que desprecia. Tomó un camino que lo coloca hoy en el centro de la presión de referentes de un partido que sigue en función de gobierno y lo seguirá siendo en los próximos 5 años, como mínimo.
El ex obispo cometió una gran equivocación al creer que podía manejar y controlar una situación bastante compleja y delicada. Su rabia y deseos de venganza le cegaron al punto de haberse olvidado de que él también tenía que prestar juramento. ¡Gran detalle! Su temor a que Óscar “Cachito” Salomón, como vicepresidente primero del Senado, aproveche el momento para hacerle jurar a Duarte Frutos, le jugó una mala pasada, tanto que se “olvidó” que tenía que bajar a jurar como sus colegas. No lo hizo, y ahí está la consecuencia. Hoy tenemos en el Senado un senador “mau” o “trucho”, sin fueros, o peor aún, un ciudadano más, quien pretendió constituirse en un plenipotenciario de la política. Pisó el palito, y feo. A ver cómo sortea la Justicia, esta vez, el ex obispo.