- POR ALEX NOGUERA
- periodista
- alex.noguera@gruponacion.com.py
El caso comienza con Fredesbindo, que llegó del trabajo con un extremo dolor de cabeza y se arrojó a su cama donde encontraría refugio y calma. Apagó la luz, puso una almohada sobre el rostro y se dispuso a dormir para engañar el malestar.
De fondo, el televisor transmitía el partido Sol-Nacional. Nacional debía ganar para seguirle los pasos a Olimpia, pero perdía uno a cero y faltaba poco para el final. El hijo (fanático cerrista) de don Frede tenía interés en que Nacional no sumara puntos, así Cerro quedaría segundo en la tabla.
No supo en qué momento se durmió, pero en la pantalla veía que los de Libertad festejaban el título y la prensa le daba destaque al nuevo campeón. Ya no se ocupaba de Nacional que irremediablemente perdía la categoría. Apenas era cuestión de unos segundos para que el árbitro diera el pitazo final y sentenciara la suerte del Tricolor, mientras todo era alegría en el campamento repollero.
De pronto las imágenes de la TV se centran en Joachim Löw, técnico de la Selección de Alemania, que corría eufórico sobre el campo de juego, en cámara lenta. En el último suspiro su equipo, Nacional, lograba empatar a Sol de América y se salvaba del descenso. El entrenador teutón corre con movimientos retardados y con música de "Carrozas de fuego" de fondo. Le siguen los dirigentes, que también quieren abrazar a los jugadores. Pero en su infinita carrera, Joachim Löw choca contra unos aficionados -que ya invadieron el gramado- y cae boca arriba, con una sonrisa plena y los ojos cerrados, disfrutando de ese momento irrepetible. El gozo es tanto, que ni se compara con el título mundial logrado en el 2014.
Desde la tribuna el famélico Batman -el original- encarnado por Adam West, aplaude a rabiar y baila sobre una tabla de madera dando rienda suelta a su alegría, lejos de Batichica, Robin y Gatúbela. Es que en secreto, Bruno Díaz guarda en su batibolsillo su carné de nacionalófilo.
Fredesbindo despierta con el corazón acelerado. Trata de entender lo que sucede y se da cuenta de que todo fue un sueño. Tarda unos segundos en volver a la realidad. Nacional perdió uno a cero contra Sol, en el fondo su hijo baila contento por el segundo puesto, y Olimpia sigue puntero, lejos.
Con un suspiro de hastío expulsa una bocanada de aire y abre el cajón de la mesita de luz. Una vez más olvidó tomar su Losartán y su presión arterial está por las nubes.
Preocupado, recuerda haber leído en estos días que más del 46% de la población adulta es hipertensa y el mayor pico afecta a personas de 55 años. Al menos él tiene 54 -piensa- y eso le da un margen de un año para comenzar la dieta y hacer ejercicios. Ahora, eso de dejar la cerveza es cuestionable. Su abuelo vivió hasta los 90 y jamás dejó la caña, así que eso debía ser una exageración de los médicos.
Según el artículo que leyó, en promedio, cinco de cada diez paraguayos tiene presión alta. Con los dedos hace cuenta y sonríe. Eso significa que de cada dos personas, una es una bomba de tiempo, que puede explotar en cualquier momento. Que reviente su cuñada -piensa Fredesbindo- ella es demasiado fea para seguir asustando a los inocentes prójimos en este mundo. No puede esconder una sonrisa de maldad mientras apura su medicina.
Con pereza se levantó de la cama y buscó el diario. Recordaba la tapa del que traía el artículo. Sí, ahí estaba. Entre las recomendaciones ponía que había que restringir el consumo de sal, solo 4 gramos por día. ¿Cuántos son 4 gramos? ¿Media cucharadita? No supo la respuesta. Pasó al siguiente tópico: evitar los alimentos ricos en sodio. ¿Sodio? Él no era una luz en química, pero estaba seguro que sodio era igual que sal, así que el periodista que escribió la nota no entendía del tema y repetía la cuestión. Ahora, el problema era saber cuáles eran esos alimentos. Recordaba que la banana era rica en… ¿sodio o potasio? En ese momento recordó por qué se había aplazado en química, de joven. Por si acaso dejaría de comer bananas.
Frituras era la siguiente prohibición. Esa la podría cumplir siempre y cuando no se metieran con las milanesas, que eran sagradas. En cuanto a las bebidas azucaradas, bueno ¿quién en su sano juicio tomaría eso si tuviera a mano una buena cerveza helada?
Según el artículo era permitido comer carnes rojas hasta 3 veces por semana. Eso no era tan difícil. A él le bastaba con hacer un asado solo los domingos, aunque el problema era su sueldo que no le alcanzaba. O los precios de la carne. Uno de los dos debían ser corregidos.
La hipertensión es la primera causa de muerte en el mundo. Mata a más de 10 millones de personas cada año. Una de cada dos personas es una bomba de tiempo. Fredesbindo cierra los ojos y escucha un tic-tac, tic-tac, pero no está seguro de dónde viene el sonido.
¿Quién hace tic-tac? Solo hay dos personas: Fredesbindo y el lector.

