- Por Alex Noguera
- Periodista
- alex.noguera@gruponacion.com.py
El 12 de marzo la historia recuerda 88 años del inicio de una de las batallas más emblemáticas por la libertad en el mundo. Se denominó "La marcha de la sal" y no hubo ni un disparo gracias a un estratega que blandía el arma del pacifismo. Ese día, seguido por algunos periodistas, Mahatma Gandhi comenzó un recorrido a pie de 300 km con varios discípulos. El 5 de abril llegó al océano
Índico, donde hizo un gesto simple, pero tan simbólico que desestabilizaría el poder británico que subyugaba a su pueblo: con sus manos desnudas recogió sal del mar.
Con ese ademán casi ridículo desafió el monopolio de la sal que ostentaban los ingleses en la India. Y es que antes de que esta fuera colonia británica, en ese país los ciudadanos hacían uso de su derecho de proveerse de este producto nada más entrando al mar, recogiendo agua en un cuenco y dejándola evaporar. Pero los conquistadores aplicaron un impuesto y prohibieron que los indios satisfacieran libremente esta necesidad básica y fundamental, sobre todo porque como en aquella época no existía casi refrigeración, la sal era un elemento vital para la conservación de los alimentos.
Ese ejemplo de Gandhi fue la chispa que necesitaban sus compatriotas para expresar su descontento y todos comenzaron a buscar la sal de la manera antigua. La desobediencia civil tuvo sus consecuencias y miles de "ladrones indios" fueron a la cárcel. El propio Mahatma estuvo preso durante 9 meses, pero finalmente la corona tuvo que reconocer su impotencia ante esta manifestación pacífica.
Paraguay no tiene océano de dónde extraer sal. Es más, ni siquiera tiene costas al mar, pero sí ríos que generan una de las mayores
–sino la mayor– cantidad de energía hidroeléctrica per cápita del mundo (con 9.000 kWh por habitante, según publicaba el MOPC hace exactamente un año).
La electricidad, así como la sal, es un producto básico. Todo en el hogar funciona enchufando algo, desde un cargador de celular, un wifi, un televisor, una ducha, una cocina hasta el odiado e imprescindible acondicionador de aire. Los ventiladores ya no llegan a calmar el calor como antes y "el aire" se volvió vital. Hoy una persona puede vivir sin sal… y sufrir, pero no puede vivir sin electricidad. Al menos, debe tener una heladera para conservar sus alimentos.
Las quejas por el "salado" precio de la electricidad que hubieron de pagar los usuarios de la Ande por las facturas de diciembre menguaron en enero. Los expertos explican que en épocas de calor los aparatos refrigeradores consumen más para alcanzar el nivel para el que fueron programados. Así también, como es temporada de vacaciones, los niños y adultos pasan más tiempo en casa y usan más los electrodomésticos. Eso sin olvidar que por las fiestas se conectaron muchas guirnaldas y foquitos. Hasta ahí la lógica gana. Es aceptable, quizá. Se consume más, por lo que se paga más. Es lógico, pero no filosófico ni socialmente correcto. Es decir, si la Ande es consciente de que en ese lapso la ciudadanía necesita mayor cantidad de este producto básico debería bajar los precios, como lo hace cualquier negocio. A mayor compra, mayor descuento.
La filosofía en este caso indica que en vez de proveer bienestar, cercena la posibilidad –y el derecho– a la ciudadanía de acceder a un producto de primera necesidad. Como ejemplo vemos la tarifa de la categoría 142, línea de baja tensión, en la que el que consume de 0 a 50 kWh debe pagar un precio de G. 311,55; de 51 a 150 kWh sube a G. 349,89; de 151 a 300 kWh, G. 365,45; de 301 a 500 kWh, G. 403,82; de 501 a 1.000 kWh, G. 420,27 y mayor a 1.000 kWh, G. 435,51.
Los que trabajan honestamente y pagan sus facturas de electricidad consideran que la diferencia de diciembre-enero es abusiva, más aún cuando ven que existen privilegios, como por ejemplo para los funcionarios permanentes de la Ande que reciben subsidio por su consumo de electricidad. ¿Por qué?
Los usuarios invocan el art. 46 de la CN, que reza que "Todos los habitantes de la República son iguales en dignidad y derechos. No se admiten discriminaciones. El Estado removerá los obstáculos e impedirá los factores que las mantengan o las propicien". Hay quienes se sienten discriminados al haber diferencias de precios para unos y otros.
Por otro lado, esos mismos aplauden intervenciones como la del jueves en el km 9 Acaray, Alto Paraná, en la que la Ande descubrió casi un 94% de conexiones ilegales, o las de febrero con 430 suministros irregulares en Limpio. Pero a pesar de los esfuerzos, la sal se escapa como agua de las manos en cientos de reparticiones públicas donde se desperdicia el producto básico y hace que falte a otros, y sea más caro.
Podrían haber dado magistrales explicaciones del porqué era necesario el impuesto a la sal, pero en el fondo para los indios solo seguiría siendo un impedimento para reivindicar un derecho a una necesidad básica.