- Por Alex Noguera
- Periodista
- alex.noguera@gruponacion.com.py
No se asusten, pero la gran cantidad de información a la que estamos expuestos todos las 24 horas del día (incluyendo sábados, domingos y feriados) gracias a las redes sociales, obliga a que las columnas periodísticas también se pongan a la altura de las circunstancias y no nos hagan perder tiempo, es decir, que sean breves… o, como en este caso, desarrollen dos temas en un solo espacio. Ya lo decía Helio Vera, "lo bueno breve, bueno dos veces".
Así, el tema de la semana que mereció ser "tapa" fue el caso de esta señora que el jueves viajaba orondamente en un bus de la empresa San Luis con su cartera repleta de dinero y sin un solo guardaespaldas. Habrá sido el calor, la hora o el colesterol, pero el hecho fue que cuando descendió del colectivo en Capiatá se dio cuenta de que se había olvidado el tesoro en efectivo que llevaba al lado de su asiento… y se desesperó. Y con justa razón.
En ese momento, coyunturalmente (como dicen los políticos) sucedieron dos hechos que cambiaron esta historia para siempre: primero, que la dama en cuestión se despertó de su letargo a causa del susto, y segundo, que por ese lugar patrullaban dos motociclistas del escuadrón élite conocido como Lince.
La reacción fue instantánea. Explicar lo sucedido y acelerar los biciclos en pos del ómnibus que se escapaba con la platita ajena ocurrió en fracción de segundos. Las potentes máquinas guiadas por los expertos agentes alcanzaron al transporte de pasajeros en el kilómetro 30 de la Ruta 2, a la altura de Itauguá.
La historia termina bien porque la Policía no solo fue efectiva, encontró el dinero que de otro modo ya se hubiera dado por perdido, sino que se lo entregó a la legítima dueña que no sabía si llorar o reír de tanta felicidad.
Pero la película no acaba ahí, el epílogo llega minutos después, cuando la mujer encuentra un escape a tanta emoción y decide recompensar a los héroes con parte del dinero recuperado. Su sorpresa fue mayúscula porque estos jóvenes, que por algo fueron seleccionados, escogidos y entrenados por instructores de la Policía Nacional de Panamá, considerados los mejores de América Latina, agradecieron su intención, rechazaron el ofrecimiento, y como el Llanero Solitario y su fiel amigo Toro, montaron en sus corceles de dos ruedas y siguieron patrullando.
En La Nación digital se puede ver la postal que no necesita explicación alguna: la mujer con el dinero en la mano tratando de dárselo al Lince con casco blanco y a pesar de que a éste no se le ve el rostro a causa de la máscara, sus ojos achinados delatan su sonrisa de satisfacción por el deber cumplido.
Esta primera parte de la columna acaba con un reconocimiento a este equipo de Operaciones Tácticas Motorizada que, desde su creación en mayo del 2017, logró reducir drásticamente la operatividad que desplegaban casi impunemente los inescrupulosos asaltantes y asesinos conocidos como motochorros. En tiempo récord estos custodios de perfil bajo redujeron a sus enemigos naturales y fueron más allá, capturando también a delincuentes a pie y en 4 ruedas. A tal punto es el éxito de este grupo que en diciembre estrenaron sucursales en Ciudad del Este y en Encarnación.
Y pensar que la primera vez que hicieron una demostración, dos de sus integrantes acabaron estrellándose en una cuneta, lo que fue festejado por más de uno por tal fracaso. Sin embargo, el tiempo se encargó de poner las cosas en su lugar. Hoy su desempeño es su mejor carta de presentación.
Como no queda mucho espacio, la segunda parte de esta columna trata de otra caída que dejó con la boca abierta a todo el mundo cuando el caballo de un carabinero de Chile se encabritó al paso del Papamóvil y arrojó a su jinete al asfalto. Esto provocó que el Santo Padre ordenara la inmediata detención de toda la comitiva y –a pesar de su edad y de sus achaques– bajara las escaleras de su rodado para ayudar personalmente a esa persona que yacía en el piso.
A veces me admira cómo un simple acto, como este, puede ser tan grande y significativo. El hombre más poderoso del mundo occidental pisó tierra y fue caminando para cerciorarse de que esa oveja que le necesitaba estuviera bien.
No miró hacia otro lado, no tuvo miedo a pesar de que en el país transandino grupos de manifestantes quemaran puertas de iglesias en protesta contra el escándalo de pederastia cometido por curas. Francisco fue valiente y pidió perdón por errores ajenos, además exigió castigo a los culpables y alivio para las víctimas.
¡Qué nos sorprende de este Papa! Si antes de llegar a Chile ya estaba cruzando el Chaco con su avión y desde 11.500 metros mandaba su bendición al Paraguay. Poco después volvió a hacer historia celebrando el primer matrimonio en pleno vuelo.
Como el tiempo es oro, es mejor unir los mensajes de cada una de las partes de esta columna con una reflexión: A veces una caída no es un fracaso, sino una oportunidad para el comienzo de algo mucho mejor.